La verdad es que a medida que maduramos hay cosas que se ponen más cuesta arriba. Una de ellas es tener un vientre plano, y la explicación es muy sencilla: según el Consejo Americano del Ejercicio, a los 40 años podrías estar quemando 300 calorías menos que a los 20, por la ralentización del metabolismo. También la reducción en los niveles de estrógeno que ocurre en las mujeres perimenopaúsicas, puede disminuir la sensibilidad a la insulina, ocasionando que no controlemos bien los niveles de azúcar en la sangre, nos salgan esos odiosos rollitos en la cintura y aumente el volumen del abdomen. ¡Todo lo que nos comemos se va directamente a la panza!

Ahora, después de ese repaso de la dura realidad, pasemos a la buena noticia; aunque sea más difícil tener un vientre súper plano a los 40, eso no significa que sea imposible.

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La alimentación es tan o más importante que el mismo ejercicio: básicamente hay que hacer cinco cosas; restringir los alimentos que te hinchan (incluidos los lácteos, si son un problema para ti y las bebidas gasificadas), bajarle al consumo de sal y azúcar refinada, reducir las porciones, eliminar los carbohidratos simples y sustituirlos por carbos complejos (p.ej., cereales integrales y algunas verduras) y consumir más Omega 3 en forma de pescado o nueces (moderadamente) y fibra. En mi programa transformador de 21 días encuentras un plan alimenticio muy completo para unos abdominales de portada.

Menos cardio, y más entrenamiento de fuerza y resistencia: a partir de los 40 comenzamos a perder masa muscular y la única forma de combatirlo es con entrenamiento con pesas. Puedes reducir un poco el ejercicio cardiovascular y enfocarte en ejercicios que te permiten mantener una masa muscular sana y de ese modo, aumentar tu metabolismo basal. Si trabajar con pesas no es lo tuyo, prueba el pilates. Igualmente, en mi programa transformador hay una excelente rutina para los abdominales, que puedes hacer desde tu casa.

Dile adiós al estrés y duerme mejor: en una sola frase se los digo, ¡el estrés engorda, y la falta de sueño también! Entonces, hay que buscar maneras de reducir el estrés y de dormir mejor, no solo porque es fuente de esos kilos de más, sino también de muchas enfermedades. Ten una buena higiene del sueño y analízate bien para descubrir qué es lo que más te alivia el estrés. ¿Es el sexo? ¿tocar un instrumento? ¿pintar mandalas? ¿meditar? ¿cocinar por gusto y no por obligación? Lo que sea, dedícale suficiente tiempo sin nada de culpas. Si mantienes a raya el estrés y duermes bien, seguramente podrás mantener a raya esa pancita que te hace sentir tan insatisfecha.

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