Este noviembre, los estadounidenses tendrán nuevamente la oportunidad de ejercer su derecho democrático al voto. Somos afortunados de vivir en un país fundado en los principios de libertad y democracia, un país que realmente respeta la voluntad de su pueblo. Es un derecho que muchos dan por sentado. Pero hay países en nuestro hemisferio, incluidos Cuba y Venezuela, que también celebran elecciones; pero a diferencia de los Estados Unidos, el resultado de sus "elecciones" falsas son decididas por sus gobiernos.

Durante años, los Estados Unidos, un país fundado en la libertad y la democracia para todos, ha ignorado lo que está sucediendo aquí en nuestro hemisferio.

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El apaciguamiento de Obama no ayudó en nada al pueblo cubano. Durante su administración la gente de Cuba continuaba siendo oprimida como siempre, y el régimen cubano simplemente se benefició más de los americanos. Compare eso con la administración Trump, que se enfrenta a regímenes asesinos en todo el mundo. El presidente Trump ha impuesto sanciones significativas al régimen de Maduro y la administración ha reconocido que la raíz de la inestabilidad y el caos que vemos en América Latina proviene de Cuba. Están tomando medidas contra Cuba, que es la fuerza más poderosa detrás del régimen de Maduro en Venezuela, en gran parte por el petróleo gratis que reciben a cambio.

Si visita el sur de Florida, lo más probable es que se encuentre con cubanoamericanos que huyeron del régimen de Castro. A lo largo de mi tiempo como gobernador y ahora como senador, he escuchado innumerables historias de las atrocidades de Castro.

Hace apenas varias semanas hablé con mi amigo Jorge Luis García Pérez, “Antúnez”, quien estuvo preso 17 años en una cárcel cubana. En 1990, los funcionarios de Castro lo escucharon decir que el comunismo era un "error" durante un evento público. Por eso, fue condenado a cinco años de prisión, sentencia que se extendió cuando se negó a aceptar las violaciones de derechos humanos del régimen. Antúnez fue golpeado y tratado de manera inhumana durante años y solo salió de prisión debido a la presión internacional. Y al igual que Antúnez, miles de cubanos han sido encarcelados por el régimen simplemente por hablar en contra de sus atrocidades.

Durante décadas, no se hizo nada para responsabilizar a Cuba, y las estrategias que utilizó el régimen para oprimir a su pueblo evolucionaron. El gobierno cubano obtiene un estimado de $7 mil millones al año exportando servicios profesionales, incluidas las llamadas “misiones médicas”. Sin embargo, rara vez, o nunca, pagan un salario digno a los profesionales médicos a los que obligan a trabajar en otros países, confiscando sus pasaportes y sometiéndolos a malas condiciones de vida. Es por eso que, a principios de este año, presenté una legislación que detendría a otros países de participar en este esquema de trata de personas.

La nueva estrategia de Cuba para “exportar” la represión es mantener a Maduro en el poder. Cuba tiene operativos en Venezuela que brindan inteligencia al régimen, y está bien documentado que funcionarios cubanos ayudaron al régimen durante las elecciones de 2018. Cuba y Venezuela también establecieron una asociación militar en el 2008 entre el ejército de Venezuela y el régimen cubano. Esto incluyó el “entrenamiento” de oficiales militares venezolanos.

Es hora de que la comunidad internacional reconozca a Cuba por lo que es. Y es hora de que el pueblo americano se oponga a candidatos que eligen políticas de apaciguamiento en lugar de sanciones. El apaciguamiento no funciona. La creciente inestabilidad en América Latina es una prueba del fracaso del apaciguamiento. Afirmar que se apoya la libertad de Venezuela al mismo tiempo que se aplican políticas de apaciguamiento en Cuba es el colmo de la hipocresía.

Como nación, debemos permanecer unidos en los principios sobre los que se fundó nuestro país: libertad y democracia para todos.

De ello depende la seguridad de nuestro hemisferio y nuestra identidad como país.

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