“Lo fui”, confesó rotundamente Fernando, un ingeniero de 36 años, de Miami. “Tanto, que esa obsesión casi destruye mi matrimonio. Me pasaba horas y horas viendo porno, evitando a toda costa ser descubierto por mi mujer, hasta que un buen día dije, ya no más”.

Al igual que Fernando miles de personas consumen diariamente pornografía. La mayoría lo hacen sin problema pero cuando tu vida comienza a girar en torno a ella, aislándote del mundo, entonces es momento de reflexionar sobre la situación. Algunas señales de alarma serían las siguientes: emplear cada vez más tiempo viendo este tipo de material, decir mentiras para evitar ser descubierto, falta de interés sexual con la pareja y buscar contenidos sexuales cada vez más intensos.

Un estudio, realizado por la Universidad de Cambridge, reveló que la pornografía desencadena en el cerebro de las personas que la ven con frecuencia reacciones similares a las que ocasionan las drogas. Esto no significa que la pornografía sea mala, sino que como todo, abusar de ella puede tener consecuencias negativas en el usuario y en el entorno que le rodea. De hecho, y a pesar de los pros y contras que genera el tema, numerosos expertos la recomiendan como una herramienta terapéutica para mejorar y avivar las relaciones de pareja. Eso sí, en su justa medida. También relacionan la búsqueda de pornografía con un descenso en las tasas de sífilis, gonorrea, embarazos no deseados, divorcios y violaciones.

Durante mucho tiempo se consideró que ver pornografía era cosa de hombres, pero cada vez son más las mujeres que la consumen. Según una reciente encuesta realizada en los Estados Unidos 5 de al menos 10 mujeres ven material pornográfico, cifra que ha ido en aumento especialmente entre mujeres latinoamericanas y en los estados más conservadores de los EEUU.

En cuanto a sus preferencias serían las siguientes: “lésbicas”, “tríos” y “squirt” (eyaculación femenina). También les interesaría ver sexo entre hombres gay, en base a un estudio realizado por los dos mayores sitios de porno on line.

Las categorías más buscadas por los hombres son: jovencitas, sexo lésbico y sexo anal.

Un aspecto preocupante es el auge de la pornografía entre los adolescentes, ya que hoy en día cuentan con un fácil acceso a películas o videos de contenido XXX, lo cual podría crearles falsas expectativas de la realidad. He aquí algunos datos curiosos que muestran las diferencias entre el sexo real y el sexo porno difundidos por una agencia en New York: el miembro viril de un actor porno mide entre 6 y 9 pulgadas, y el pene estándar, entre 5 y 7 pulgadas.

Mientras los actores porno se depilan, en la vida real el 65% de las mujeres y el 85% de los hombres tienen vello púbico. Para excitarse, la gente normal y corriente necesita de 10 a 12 minutos, sin embargo las estrellas porno lo hacen al momento, como por arte de magia. Además ellos pasan horas y horas en el acto pero en el mundo real el 75% de los hombres eyacula a los 3 minutos.

Hay aún más, las mujeres en las películas pornográficas tienen orgasmos con una facilidad asombrosa, algo que al 71% de las mujeres no les pasa ni por casualidad.

Por otra parte, las relaciones lésbicas son muy comunes en el mundo de la ficción pero en la realidad sólo el 11.5% de las mujeres las han tenido y el 40% de las mujeres han probado el sexo anal.

Bajo esta panorámica no es de extrañar que la pornografía, más allá de servir como estímulo y entretenimiento entre parejas, pueda generar a su vez baja autoestima y expectativas difíciles de cumplir. Como decía entre risas una vecina: “Después de ver a semejantes ejemplares… ¿Qué hago yo con mi Mario?”

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