El presidente Donald Trump fue elegido en 2016 bajo la premisa de que Estados Unidos sería siempre la prioridad de su Gobierno, una promesa que está afectando el curso de las relaciones internacionales.

El más reciente caso: la participación de Estados Unidos en Siria.

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El anuncio del Pentágono de que 1.000 soldados estadounidenses en el norte de Siria se retiraban para mantenerse fuera de la ofensiva turca, lanzada el 9 de octubre, provocó críticas generalizadas en el país y en el extranjero. Los líderes demócratas en el Congreso condenaron a Trump pero también se alzaron voces republicanas criticando la medida.

La decisión presidencial no debería ser una sorpresa para nadie que siga sus tuits y declaraciones, pues Trump siempre dijo que no quería tropas estadounidenses envueltas en guerras en el Medio Oriente.

Las críticas surgieron por la conversación telefónica de Trump con el presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, el 6 de octubre. en la que el líder turco le dijo que la incursión transfronteriza planeada desde hace tiempo contra los combatientes kurdos en el noreste de Siria estaba a punto de iniciarse, por lo que Trump decidió el retiro de las tropas de operaciones especiales en el área para que no estuvieran atrapadas en medio de los combates.

Turquía considera que los kurdos, que se aliaron con la coalición liderada por Estados Unidos para derrotar al grupo terrorista ISIS, están vinculados con la organización con el PKK (Partido de los Trabajadores del Kurdistán), de orientación comunista, que es la principal fuerza independentista kurda en Turquía.

El PKK ha estado librando una guerra contra el Gobierno turco durante décadas y Turquía y Estados Unidos lo designaron como un grupo terrorista.

Era claro entonces que la administración estadounidense en algún momento se enfrentaría a la disyuntiva de continuar apoyando a los aliados kurdos anti ISIS en el norte de Siria o respaldar a Turquía, un antiguo aliado clave del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).

Si bien Trump dejó en claro que admiraba a los kurdos por su capacidad de lucha y por sus valientes esfuerzos para destruir el califato de ISIS, a los Estados Unidos no le interesaba seguir apoyándolos si eso significaba una ruptura de relaciones con Turquía.

Eso hubiera sido malo tanto para los Estados Unidos como para la OTAN en general.

Sin embargo, la percepción general fue que el Ejército de Estados Unidos en Siria abandonó a sus leales aliados, dejándolos a merced del Ejército turco.

Muchos alertan sobre el inmenso costo que tendrá en la credibilidad de la política exterior estadounidense.

Si bien es cierto que con solo 1.000 soldados de operaciones especiales sirviendo en Siria, todos ellos enfocados en mantener la lucha contra ISIS, no había forma de que Trump privilegiara una confrontación militar con el Ejército turco por parte de los kurdos en el norte de Siria.

Incluso si el Ejército turco no hubiera cruzado la frontera hacia Siria el 9 de octubre, el mantener a 1.000 soldados en Siria para tratar de estabilizar esa parte del Medio Oriente no era sostenible.

Por supuesto, esta movida puede acarrear grandes riesgos para Trump.

Si las cosas van mal y la incursión turca conduce a una nueva y brutal guerra (a pesar del alto el fuego temporal de la semana pasada), la Casa Blanca enfrentará más críticas por parte de sus oponentes políticos.

Desde diciembre pasado, ya Trump quería retirar las tropas, pero fue persuadido por la fuerte oposición de los líderes republicanos.

El general Jim Mattis, por cierto, renunció al cargo de secretario de Defensa, debido a sus diferencias con Trump, especialmente en el tema de Siria y Afganistán.

En todo caso, las tropas estadounidenses que salgan de Siria serán reubicadas en el oeste de Irak, donde continuarán realizando operaciones para evitar un resurgimiento del Estado Islámico, según anunció el actual secretario de Defensa, Mark Esper.

¿Una medida para tranquilizar al establishment de Washington?

El papel de Estados Unidos en Siria estaba enfocado principalmente en labores de inteligencia para destruir a ISIS, además de limitar el papel de Rusia e Irán que ahora, con el camino libre, podrían consolidar su influencia en la región.

Por lo pronto, a los partidarios de Trump solo les llegará un mensaje: el Presidente prometió poner a Estados Unidos primero y acabar con la participación militar en las guerras del Medio Oriente y eso es lo que justifica su decisión en Siria, mientras que para Trump será un punto a su favor para asegurar la reelección.

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

DLA Clasificados

 

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