Cuando las condiciones del mercado global golpean a una nación, el miedo puede paralizar cualquier perspectiva de cambio a corto y mediano plazo. Algunos expertos sugieren permitir la evolución espontánea de los atolladeros económicos para que siga fluyendo la libre circulación.

En Honduras, la producción de café representa el 5% de la economía de ese país. Una depresión de precios de este rubro ha impactado negativamente a los caficultores, llevando a una profunda preocupación. El presidente de hondureño, Juan Orlando Hernández, ha insistido en rescatar esta estrategia de producción pero con miras a gran escala, mas allá del comercio regional.

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Recientemente, Hernández viajó hasta Suiza para sostener una reunión con la directiva de Nestlé, una de las principales empresas a nivel mundial en la compra de café. Además de plantear la inquietud de su país sobre la caída de los precios del aromático, el mandatario impulsó una agenda de inversión que proyecta a Honduras en un lugar muy importante dentro de las aspiraciones de avance y prosperidad en el continente.

Sin dejar la tarea a una comisión presidencial, el mismo mandatario asumió el liderazgo para exponer el empeño de un país en mantener los niveles de calidad. La caficultura hondureña se ubica en el quinto lugar del comercio mundial, por la calidad del grano y el esmero de sus productores.

“Les he explicado también de todos los pasos que hemos estado dando, hasta dónde podría llegar el Gobierno para poder apoyar más a los pequeños productores y hacer alianza con ellos”, dijo el presidente centroamericano desde Ginebra. Lo cierto es que este encuentro brindó frutos favorables. La empresa Nestlé invertirá más de 12 millones de dólares en un nuevo centro de distribución de café en Honduras y también establecerá convenios para capacitar a 25.000 jóvenes caficultores. La estrategia comercial es convertir a los jóvenes que integren el programa en catadores, baristas, todos certificados para el manejo de pequeños y medianos negocios aplicados a la agricultura.

La planificación de esta visión es precisar el comienzo de vías de empoderamiento hacia esos líderes emergentes que ven más allá de los planes tradicionales y abrir el espectro hacia el desarrollo del mercado global. Así se proyecta una generación a largo plazo, que deberá atender una demanda activa y exigente.

Esta experiencia nuevamente hace fijar la atención en Honduras. Mientras vicios ideológicos de viejas políticas retrógradas insisten en retardar el desarrollo al continente, el presidente Juan Orlando Hernández sortea responsablemente obstáculos, dedicando voluntad política al capital propio de un país que sigue acaparando esperanza de vanguardia en Centroamérica.

Se trata de un ejemplo de exportación que deberían seguir otros mandatarios, cuyos pueblos aspiran a las mismas necesidades de libertad y avance. No quedan dudas de que ese café hondureño será saboreado en paladares del mundo, pero la estrategia quizás quede servida en una sola taza, lamentablemente.

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

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