sábado 21  de  febrero 2026
OPINIÓN

Cambiemos la conversación sobre Venezuela

La llegada de Chávez al poder en 1999 ha traído como consecuencia que ya sean 7,7 millones de personas las que han abandonado Venezuela

Por MANUEL AGUILERA

Decían hace años en España que todos tenemos un seleccionador nacional de fútbol y un presidente del Gobierno en nuestro interior. Con una cerveza o un whisky en la mano, en la barra de un bar o en una mesa rodeados de amigos, nos sentimos capaces de conformar un equipo para ganar un Mundial o de tomar las decisiones oportunas para que nuestro país prospere y se convierta en la primera potencia mundial.

Algo parecido ocurre entre los políticos y analista del sur de la Florida con temas tan sensibles como los que afectan a países como Cuba y Venezuela. Tanto en el Versailles como en El Arepazo, como en los programas de radio y televisión escuchamos discursos repetitivos sobre las políticas que EEUU debe desarrollar para asfixiar a los dictadores de Cuba y Venezuela y provocar un cambio de régimen. Pero por mucho que se insista en esta visión uniforme y sin matices, hay dos evidencias que no deben ser consideradas como menores. La primera es que la acción política de las distintas administraciones -tanto republicanas como demócratas- no han servido para nada y tanto Díaz-Canel como Maduro continúan en sus poltronas. La segunda es que tanto el pueblo cubano como el venezolano, tanto los que se quedaron como los que se vieron obligados a marcharse, siguen sufriendo y en su caso ni los discursos de salón ni la políticas miopes les alivian en nada la dureza ni la falta de horizonte en su día a día.

La llegada de Chávez al poder en 1999 y su destrucción posterior de la separación de poderes, la libertad de prensa y la libertad económica ha traído como consecuencia que ya sean 7,7 millones de personas las que han abandonado Venezuela. Según ACNUR, 6,5 millones han sido acogidas por 17 países de América Latina y el Caribe. La ONU alerta además que esta crisis humanitaria afecta especialmente a 4 millones de migrantes.

Es una tragedia que se expande como una mancha de aceite por toda la región pero es que además los que se han quedado en Venezuela ya sea por propia voluntad o porque no han conseguido los medios para marcharse, viven su propia pesadilla. Según HumVenezuela, el 66% de las personas en Venezuela tienen necesidades humanitarias y el 65% ya “perdieron o agotaron sus medios de vidas de forma irreversible” y están en la pobreza.

Coincidirán conmigo en que a todas estas personas les deben importar muy poco los discursos y análisis realizados desde los EEUU que solo ponen el foco en hablar de Maduro y en conseguir el aplauso cortoplacista, asegurando que cualquier iniciativa política que tenga como objetivo ayudar al pueblo venezolano va a ser aprovechada por el dictador para hacerse más fuerte en el poder.

Como decía antes, Chávez fue el primero en iniciar el proceso de acabar con la libertad económica, quién demonizó a los empresarios y quién dejó sin músculo a la economía para desgracia de todos los venezolanos. Quizás haya llegado la hora de facilitar ese movimiento económico para propiciar la mejora en la calidad de vida del sufrido pueblo que vive bajo la bota de Maduro y Diosdado.

Por ejemplo, las sanciones a las transacciones financieras han tenido graves impactos directos sobre el trabajo que pueden realizar las ONGs en Venezuela, ya que provocan serios retrasos y problemas de envío, pagos y seguros. Las estrictas regulaciones de las empresas e instituciones financieras han tenido como consecuencia la suspensión, congelación o cierre de cuentas bancarias de organizaciones de ayuda en Venezuela por temor a violar las sanciones, lo que incide en importantes retrasos en la tramitación de pagos.

Los más necesitados sufren por esta parálisis pero también aquellos que mantenían una actividad profesional con empresas estadounidenses. Como por ejemplo los trabajadores de las petroleras quienes disfrutaban de importantes beneficios y buenos sueldos, que se vieron severamente limitados y, con ellos, sus familias y comunidades aledañas.

Mientras los operadores internacionales reducen su labor en el país, enemigos declarados de EEUU y las democracias internacionales como Rusia, China e Irán aumentan su negocio y se empoderan para seguir haciendo el mal. Y a todo esto, Maduro y sus compinches aparecen redivivos.

Quizás los árboles no les dejen ver el bosque pero ha llegado el momento de que tanto EEUU como la Unión Europea desarrollen una política que combine la exigencia de derechos humanos con la mejora en las condiciones de vida de los venezolanos.

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