Las dictaduras del siglo XXI en las Américas, que detentan el poder en Cuba, Venezuela y Nicaragua, ya estaban en crisis extremas antes de la pandemia del coronavirus. Sus características delincuencia organizada trasnacional, violación institucionalizada de derechos humanos y narco estados vinculados al terrorismo, los pusieron en la situación terminal de ser repudiados por sus pueblos y sancionados por la comunidad internacional. En la pandemia del coronavirus hacen lo que saben, incrementan la violencia interna, falsifican la información y aumentan su conspiración para desestabilizar las democracias de la región.

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La pandemia del coronavirus puede servir para prolongar la permanencia de las dictaduras castrochavistas en el poder, pero también puede determinar su caída más rápida y la terminación del oprobio que representan. El resultado dependerá en lo interno de la actitud de los liderazgos que ante esta situación deben alejarse de la sospecha de ser “oposiciones funcionales” y en lo internacional de la firmeza de las democracias para mantener e incrementar medidas que tengan como único objetivo la salida de los dictadores.

La crisis mundial está siendo aprovechada por las dictaduras de Cuba, Venezuela y Nicaragua para ejercer mas violencia interna incrementado las violaciones a los derechos humanos, administrando el miedo, traficando y extorsionando con el hambre , la miseria y al falta de insumos de salud que ellos mismos han producido. La creciente represión en Cuba, las matanzas en cárceles y barrios de Venezuela y la persecución y amedrentamiento a médicos y familiares de los muertos por coronavirus en Nicaragua así lo prueban. En el Foro virtual del Instituto Casla “la justicia no está en cuarentena” la conclusión unánime fue que “los regímenes de Cuba, Venezuela y Nicaragua utilizan la pandemia para reprimir a su pueblo”.

La falsificación de la información es notoria y aberrante. Cuba, Venezuela y Nicaragua falsifican a diario los datos de personas contagiadas, atendidas y muertas por la pandemia. El denominado “libro blanco” de la dictadura de Nicaragua es un ejemplo de hasta donde puede llegar la falsedad. Los datos previos a la pandemia de la situación alimentaria, de servicios básicos como agua potable y de los sistemas de salud, todos en condiciones deplorables y muy por debajo de los estándares mínimos, son la mejor prueba de que las cifras ofrecidas por los dictadores son pura falsedad para tapar sus crímenes.

Las acciones dictatoriales internas, que podrían resumirse en “más de lo mismo”, más violencia, más crímenes y más manipulación, están agravadas por la promoción de la “trata de personas y esclavismo” que hace Cuba con los médicos y personal de salud, que ha incrementado aprovechando el coronavirus, pretendiendo además de los ingresos mal habidos una acción de mejoramiento de imagen con la falacia del éxito de su medicina que ofrecen para la exportación pero que no existe para el pueblo. La manipulación y utilización dictatorial de la cooperación internacional condicionada a que sea gestionada como otro instrumento de opresión, es otro crimen.

El castrochavismo ha incrementado sus acciones de conspiración contra todas las democracias de las Américas. Las cuarentenas, las crisis, los temores y las condiciones de anormalidad que ha traído la pandemia del coronavirus generan descontentos internos que son promovidos, incrementados y manipulados para desestabilizar y derrocar gobiernos, por los operadores del llamado foro de San Pablo que acaban de ajustar virtualmente sus planes, en las redes sociales por los extendidos troles de las dictaduras, por los grupos radicales y acciones dirigidas desde las embajadas, legaciones y consulados de las dictaduras de Cuba, Venezuela y Nicaragua.

Continuando acciones iniciadas en el segundo semestre de 2019 y reactivadas con la oportunidad que les da la pandemia, actualmente en las Américas hay procesos conspirativos con golpes de estado en proceso por lo menos en Ecuador, Bolivia y Brasil, hay un recrudecimiento de la agenda desestabilizadora en Chile, Colombia y Perú. Cada gobierno democrático de las Américas solo debe mirar su situación interna y encontrará la mano criminal del castrismo con 61 años de experticia operando con el nuevo modelo construido con la liquidación de la libertad y la riqueza de Venezuela entregada por Chávez, que hoy se llama castrochavismo.

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