Estamos pariendo una nueva Venezuela, sufriendo los dolores de parto y sintiendo la ansiedad por conocer el estado de salud de la criatura que saldrá del vientre infecto de esta moribunda dictadura.

La historia recogerá cómo la sociedad civil, los estudiantes, algunas organizaciones políticas y muy pocos militares patriotas, por 20 años, dieron una estoica lucha para evitar la implantación de un sistema socialista en Venezuela. También escribirá los nombres de los muchos héroes y mártires que entregaron su vida por la causa de la Libertad.

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Aunque los próximos días van a ser muy peligrosos, e incluso violentos, para Venezuela, no debe caber duda alguna de que ya se está transitando, irreversiblemente y con paso firme, hacía la fase conclusiva del cese de la usurpación.

Sin embargo, es de suma importancia que como ciudadanos entendamos que las causas principales que generaron las condiciones para que el chavismo llegara, tomara y luego se atornillara en el poder fueron la corrupción y el populismo.

El término corrupción proviene del latín “corruptio”, que se forma del prefijo “con-” que quiere decir “junto”, “rumpere” que quiere decir “quebrar” o “romper” y el sufijo “-tio” que se refiere a acción o efecto. La definición más común de la palabra “corrupción” es “el abuso de un poder delegado para el beneficio propio” (Transparency International, 2016) (World Bank, 1997).

La corrupción es una enfermedad muy poderosa que ha atacado a Venezuela desde que ella recibe una importante renta petrolera, que no guarda relación con los esfuerzos de sus ciudadanos y que, con mayor énfasis en los últimos 20 años, ha hecho metástasis en todo el tejido social.

En cuanto al populismo, los politólogos Cas Mudde y Cristóbal Rovira Kaltwasser identifican al fenómeno como “un conjunto de políticas macroeconómicas promovidas con el fin de ganar elecciones, pero que, una vez implementadas, terminan por generar niveles de gasto insostenible y desencadenan, tarde o temprano, profundas políticas de ajuste”.

El populismo en una faceta generalizadora de la corrupción. Es la manera en que los políticos corruptos convierten a la población en cómplice, compra sus votos por pocas monedas y, además, al instalar la inmoralidad en el cuerpo social, estos se blindan contra futuros señalamientos.

En el caso venezolano, es obvio que el ánimo de las élites políticas y económicas por capturar buena parte de la renta petrolera y minera llevó a las organizaciones políticas a estructurar un mecanismo clientelar que les permitiera la compra de votos contra becas, dádivas y misiones, siempre insuficientes y la mayoría de las veces discriminadoras.

La propuesta de Control Civil para vacunar a Venezuela hacia el futuro contra los flagelos de la corrupción y el populismo es muy sencilla:

  • Transferir al nuevo Fideicomiso Nacional Venezolano (“FNV”) todos los activos y derechos productivos propiedad del Estado. El FNV sería administrado por profesionales de primer nivel, sin afiliación partidista, designados y supervisados por un nuevo ente, que llamaremos Poder Civil y que estaría compuesto por representantes legítimos de la Sociedad Civil Organizada.
  • Durante los primeros 20 años del FNV, hasta el 50% de sus rendimientos netos se destinarían a cubrir la inversión que en educación y en salud, decida hacer cada uno de los ciudadanos venezolanos o sus representantes legales; mientras que el resto se reinvertiría en el FNV. El FNV pagaría directamente a las instituciones educativas y a las compañías de seguro de salud, tanto nacionales o extranjeras, por cuenta de cada venezolano.
  • Luego de cumplidos los primeros 20 años del FNV, se permitiría gradualmente, en los siguientes 20 años, la disposición de los derechos de cada venezolano en el mercado de capitales.

Bajo este esquema, los políticos venezolanos se dedicarían al cumplimiento de las funciones esenciales del Estado y tendrían menos tentaciones para sucumbir a la corrupción, mientras que la gran mayoría de la población venezolana podría formarse y cuidar de su salud, sin tener que deberle nada a nadie, quitándole los clientes al populismo.

En 20 años podríamos tener una población sana y educada y en 40 años un país de propietarios.

juanriquezes@gmail.com
@juanriquezes

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