En entrevista reciente que le hice al periodista Rafael Poleo, a la pregunta cómo avizora un desenlace político en Venezuela respondió con determinación: será mediante una negociación con el impulso de la comunidad internacional.

Nuestra experiencia como Embajador confirma esa tesis. No son tiempos de resoluciones forzosas. Un mundo global viabiliza presiones políticas eficaces. El problema es que nos lo creamos…

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Era un mundo unipolar

Cuba fue para EEUU una rémora. Épica, error e inocencia. Desde el hundimiento del acorazado Maine [1898], el protectorado -como respuesta al colonialismo peninsular- el advenimiento de la Guerra del azúcar, apadrinó una luna de miel entre el norte y la isla. Luego vino la ida, regreso y caída de Batista [y otros], hasta la llegada del Granma procedente del río Tuxpan/México con 82 imberbes de oliva [1956], entre ellos Fidel, Raúl, Camilo, Valdés y el Che. Fidel con 30 años, logra resistir en la Sierra Maestra y toma Santiago y luego La Habana. La esperanza de una Cuba libre llega personificada en un joven barbudo revolucionario, a quien Eisenhower se niega recibir en Washington por ir a jugar golf, y en su nombre le atiende el joven Richard Nixon, futuro presidente de EEUU. El resto es historia bizarra. Pasando por el pareo de Kennedy entre ignorar aquella caterva de jóvenes de formación cruzada entre jesuita, marxista, los siete sabios de Grecia, Maquiavelo o René Descartes o apoyar el exilio cubano hasta Bahía de los cochinos. La historia de Cuba y UEEUU ha sido desfigurada en una guerra de David contra Goliat, en un mundo unipolar. Hasta la crisis de los misiles de octubre [1962] donde un granjero de Kiev, Nikita Khrushchev [URSS] de la mano de otro segador primario, colocaron al mundo al filo de la III guerra mundial. Una caja de pandora cuyos vaticinios aún pagamos de Tijuana a la Patagonia.

Desde la entrevista que Fidel concedió al periodista Herbert Matthews del NY Times en Sierra Maestra [1957/donde apenas sobrevivieron 20 combatientes tras desembarco del Granma] hasta las guerras civiles en centroamérica o la alianza de la revolución cubana [1975] con el movimiento de liberación de Angola en el sureste africano, pocos atizaron el tendón de los tabacaleros del caribe. Desde México hasta la Chile de Allende [1973], pasando por el Bogotazo [1948], el asesinato de Eliecer Gaitán, seis décadas de violencia colombiana hasta nuestros días con el foro de São Paulo o de Puebla, la revolución cubana ha sido el epicentro de sacudidas políticas que han fascinado a estadistas, dictadores, mentes y pueblos inocentes. El idealismo y la utopía comunista convertida en sinfonía de una copiosa y dura realidad... EEUU asumió un rol de vigilancia que no puso sus bardas en remojo aun viendo arder las de sus vecinos. Un mundo reducido a la guerra fría de persuasión agazapada.

Panamá fue otro tema unilateral. Un caudillo con peinilla en mano [Manuel Noriega] jugando a ser servidumbre de paso de armas, mercaderías y otras cosas más, “validó” la causa justa de Bush padre. Los Balcanes [Guerra de Kosovo/1998] fue la respuesta de la OTAN a un hervidero de enfrentamientos sangrientos con rostro religioso, que amenazaba un quiebre europeo. El genocidio de Ruanda [1994] no fue detenido por los cascos azules, por sugerir “un elevado costo diplomático”, y lo ocurrido en Irak [2003], fue una respuesta única a las ignominias difusas que pedían la cabeza Saddam Husein. Un mundo de un solo polo donde no existía el Smartphone. Hoy somos billones de voces conectadas con la tecnología G5. El planeta impulsa la tercera ola con Venezuela, Cuba o Ucrania en el medio.

La realidad hoy es multipolar y viral. Venezuela no es Cuba. No por sus diferencias grupales, continentales, culturales, históricas o políticas. Venezuela es la puerta de entrada al hemisferio sur de la globalización del terrorismo, la violencia y la criminalidad. En un mundo más estrecho no puede ir por libre la somalización del continente. Bolivia, Argentina, Brasil y Chile saborean esos hilvanes. Venezuela no es la vieja Yugoslavia, ni Libia, Zimbabue, Ucrania o el Medio Oriente. En un sentido geopolítico, religioso y étnico, representamos otro interés colectivo, otro clima, interno y externo. Nuestra historia es otra. Nuestro mestizaje y referente eurocentrista/judeo cristiano, apela a una identidad más homogénea, más integrada.

Delegar es perder.

Venezuela es energía, petróleo, oro, agua, ubicación. Pero nada es rentable como estado forajido. Al decir de Samuel Huntington la “tercera ola de desestabilización”, pasará por la mediación de otras potencias como Brasil, Rusia, China o India. Venezuela no es un interés reservado a un país. Rusia tanto no puede apropiarse de Ucrania como Cuba o EEUU no pueden hacerlo de Venezuela. Toca negociar.

Venezuela fue ejemplo republicano por décadas que contuvo en su momento la avanzada de Castro. Mientras la escuela de las Américas fundada en Panamá sirvió de academia a militares como Videla, Banzer, Noriega o Roberto D´Aubuisson, en Venezuela tuvimos a Villalba, Betancourt, Gallegos, Leoni, Caldera, Ruiz Pineda o CAP, padres de la democracia. El rescate de la normalidad no será atípicamente gendarme. El tema es creer que somos capaces de participar en una dinámica civilista más allá de la cortina de las redes sociales. Lo contrario es delegar. Y delegar es perder. La negociación vendrá de afuera hacia adentro. Pero si adentro no nos creemos capaces de mover la aguja, pues el viento tampoco soplará…

@ovierablanco. Embajador (designado) de Venezuela en Canadá.

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