@navarroadris

“El cáncer de seno acabó con mi vida sexual y mi matrimonio”, me confesó Tania, una mujer de 45 años a través de un correo electrónico. “¿Has escrito algo acerca del sexo tras pasar una enfermedad?”, agregaba. Me pareció un tema importante y oportuno, así que quedé con ella en una cafetería para conocer su historia. Resultó ser un relato duro, pero muy cercano para numerosas parejas que hoy en día atraviesan por este tipo de situación.

Tania fue directamente al punto: “Enterarte de que tienes cáncer es de por sí un palo muy fuerte y cuando, además, te quedas con pechos destruidos, sin pezones y sin fuerzas a causa de la medicación y quimioterapia, ya ni te cuento. Llega un momento en el que la libido se va por la ventana y no hay manera de tener sexo con tu pareja. No hay ni ganas ni manera de disfrazar la falta de ellas. Cuando me despertaba pensaba para mí ‘esta noche sí’, pero conforme pasaba el día me iba echando atrás y al final buscaba excusas, como limpiar la cocina o adelantar trabajo en la computadora. Escuchar a mi esposo preguntar “¿no vienes a la cama?”, me ponía nerviosa y las veces que me tocaba, era todo un sufrimiento”.

Al decir sufrimiento, Tania hacía referencia al dolor que le ocasionaba el acto sexual como tal al no estar bien lubricada. Debido a su enfermedad, tuvieron que vaciarla y adelantarle la menopausia, lo cual le ocasionó --al igual que a tantísimas mujeres en su misma situación-- malestar y resequedad vaginal. Sin contar que la medicación tan fuerte que reciben los enfermos de cáncer los deja sin fuerzas y en gran parte de los casos sin apetencia sexual.

El marido de Tania no supo manejar bien la situación y en lugar de apoyarla se alejó de ella. “En esos momentos lo único en que pensaba eran mis hijos y seguir viva para ellos, así que me daba igual las necesidades sexuales de mi marido. Con tal de que no me exigiera, como si se buscaba a otra”, admitía con resignación. Con el tiempo se divorciaron y ahora reconoce ser más feliz. “Si no estuvo en aquel momento, ¿para qué lo quiero a mi lado?”.

Ya superado el cáncer de mama, Tania se esfuerza por levantar su autoestima y encontrar un buen hombre que la quiera tal cual, aunque admite que la falta de pezones y las cicatrices en su cuerpo no se lo ponen nada fácil. No tiene humor de pasar por más cirugías, así que una de sus alternativas es tatuarse los pezones, una opción muy recurrida últimamente por mujeres que atraviesan este tipo de cáncer. Mientras tanto sonríe a la vida y se muestra como lo que es: una gran guerrera que venció la batalla más dura de su vida. Si pudo con esto, podrá con lo demás.

Pero centrarnos solo en el aspecto sexual de las mujeres, cuando se habla de esta enfermedad, sería injusto. Muchos hombres, especialmente lo que atraviesan el trago amargo de un cáncer de próstata, pasan por situaciones muy parecidas en cuanto a la pérdida o disminución de su sexualidad.

La cirugía para tratar este tipo de cáncer es clave para erradicarlo, pero puede generar disfunción eréctil e incontinencia urinaria como efectos secundarios. A pesar de que las intervenciones robóticas, mínimamente invasivas, han disminuido considerablemente estos riesgos, el miedo está ahí. En mi labor de reportera en el área de salud, me ha tocado realizar numerosos reportajes al respecto y hablar con hombres que por desgracia quedaron impotentes tras pasar un cáncer de próstata. Tanto ellos como sus parejas agradecen poder contarlo, pero reconocen el duro golpe que sufrió su vida sexual.

“Quedarte impotente a los 50 años no se puede describir con palabras, te afecta la autoestima y la virilidad, pero entre mi esposa y yo buscamos soluciones. Seguí varios tratamientos, pero tenían efectos colaterales, así que al final recurrí a una prótesis de pene o lo que es lo mismo, la famosa bombita”, me confesó Yosmani junto a su esposa. Y parece que resultó, pues ambos declaran sentirse satisfechos.

No podemos olvidar que este tipo de desgracias sean las que ponen a prueba la fortaleza de la relación. Está demostrado que aquellas parejas que se llevan bien, las afrontan con mayor entereza y esperanza, lo que favorece la recuperación del paciente. En contraste, las parejas mal avenidas, ante escenarios como estos, terminan en muchos casos diciendo adiós.

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