El otro día me llamó un viejo compañero del instituto para decirme que lee mis columnas desde España y que quería compartir conmigo una historia personal.

Comenzó diciéndome: “Adriana, ¿has escrito sobre la adicción al sexo? Te cuento que acabo de terminar una relación de un año y dos meses con una mujer de 39 años que vivía obsesionada día y noche por tener relaciones sexuales¨.

A la mayoría de los hombres esto podría sonarles como música para sus oídos, pero lo que Iñaki vivió fue tan intenso que acabó tirando la toalla.

“Cuando salíamos en la noche ella siempre observaba candidatas para hacer tríos. A mí, por supuesto, me gustaba la idea pero ya en medio de la acción mi pareja disfrutaba más con ellas que conmigo. Si estábamos en un bar y yo salía a fumar un cigarro o a buscar el coche, ella aprovechaba para tontear con otros. Llegó al extremo de meterse a un baño rápido con uno de sus amigos para tener relaciones sexuales, según me confesó en una de nuestras discusiones”, relataba Inaki.

Y continuaba: “Al principio me parecía interesante su estilo de vivir la sexualidad, ya que probé cosas que jamás había imaginado, además de una gran variedad de juguetes sexuales, pero si no la complacía todos los días, dos o tres veces, me gritaba, me arañaba e incluso me amenazaba con buscarse a otro que pudiera darle lo que ella necesitaba. La relación era insostenible, así que hace un mes la dejé y ahora es cuando me entero que me ponía los cuernos con hombres y mujeres”.

Esto es tan sólo una parte del relato de Iñaki, el resto, por desagradable, prefiero omitirlo.

Lo que sí me pareció interesante a la hora de abordar este tipo de obsesión, conocido coloquialmente como “adicción al sexo”, es el hecho de que, según Iñaki, su pareja tenía problemas con el alcohol, sufría de bipolaridad y algo de esquizofrenia.

No es la primera vez que escucho la relación entre este tipo de patologías con la promiscuidad, tanto en hombres como en mujeres, lo cual no significa, por otro lado, que todos los adictos al sexo sufran de este tipo de cuadro clínico. Ello sin contar que muchos son los que se definen a sí mismos adictos al sexo, como excusa perfecta para justificar infidelidades.

Es más, por mucho tiempo la adicción al sexo fue considerada como un cuento chino. Famosos como el golfista Tiger Woods o el actor Michael Douglas trajeron este tema a la palestra tras reconocer públicamente que eran adictos, confesiones que derivaron en sonados debates públicos. Pero, ¿dónde está la línea que separa las ganas, la apetencia o el vicio sexual, de un problema serio que necesita ser tratado?  Hoy en día la adicción al sexo ya tiene nombre clínico, hipersexualidad, un término que sustituye los antiguos conceptos de ninfomanía (furor o fuego uterino) en caso de las mujeres, y satiriasis, en el caso de los hombres.

Todavía existe mucha controversia al respecto y los especialistas no llegan a ponerse de acuerdo acerca de este trastorno, considerado por unos enfermedad mental, y por otros, una dependencia derivada de un comportamiento obsesivo compulsivo que puede llegar a traer grandes problemas familiares, económicos y laborales para quien lo padece, algo así como un alcohólico o ludópata.

Hace un tiempo entrevisté a un hombre que confesaba sufrir de hipersexualidad y reconocía abiertamente como el hecho de centrar toda su vida en el sexo terminó costándole su matrimonio y trabajo. Algo extremadamente raro escuchar este tipo de testimonios ya que la mayoría de personas que la padecen suelen mantener su adicción al sexo de manera oculta, especialmente con sus más allegados, por sentimientos de culpa y vergüenza.

Los síntomas podrían ser: impulsos y pensamientos sexuales extremos que impiden llevar una vida normal, consumo excesivo de pornografía, recurrir a prostíbulos o a la masturbación de forma compulsiva y afición por los encuentros casuales de una sola noche, aunque después se sientan mal. Una adicción que ha sido relacionada con trastornos de ansiedad, baja autoestima y constantes cambios de humor, y que, como cualquier otra, debe ser tratada.

 Según las estadísticas al respecto, un 6 % de la población padecería de hipersexualidad y sólo el 2% de los afectados serían mujeres. La novia de Iñaki parece ser parte de ese porcentaje y aunque parezca extraño escucharlo, hace unos días él repetía: ¨No más sexo por un tiempo... por favor¨.

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