El análisis de Henry Kissinger sobre el COVID-19 lo hizo aflorar, una vez más, a las primeras planas. En una columna publicada el 3 de abril en The Wall Street Journal –La pandemia del coronavirus alterará el orden mundial para siempre–, disecciona el impacto del nuevo coronavirus en la actual encrucijada mundial. Allí, establece una analogía con la Batalla de las Ardenas –16 de diciembre de 1944– por ser la más sangrienta para las tropas estadounidenses en la Segunda Guerra Mundial, y donde fueron capturados más de 8.000 soldados del país.

Kissinger es uno de los pensadores sobre geoestrategia más visionarios de la historia: autor de obras clásicas como Diplomacy –Diplomacia– y The New World Order –El Nuevo Orden Mundial–. Se convirtió, además, en artífice de momentos cumbre como la firma del Tratado de París (1973), preámbulo del fin de la Guerra de Viet Nam –le valió el Premio Nobel de la Paz– o de la concreción de un encuentro entre el expresidente estadounidense Richard Nixon y el protagonista de la Revolución Cultural China, Mao Zedong. Desde su puesto como secretario de Estado se opuso a la entronización del comunismo en Chile, salvó a Israel en la Guerra de Yom Kippur, y organizó incursiones aéreas a Cuba en 1976, como respuesta a la presencia del país caribeño en Angola –información corroborada por documentos archivados en la Biblioteca Presidencial Gerard R. Ford–.

Te puede interesar

Llega a despertar tanto interés intelectual que los estudios abarcan desde análisis psicoanalíticos de su personalidad hasta el uso de sus estrategias en la toma de decisiones empresariales. Un test de inteligencia realizado al joven que llegó a EEUU huyendo del nazi-fascismo alemán, previo a su incorporación a la Segunda Guerra Mundial, demostró que lindaba la genialidad. Ello le valió ingresar en la Universidad de Harvard (1947) donde su brillo como estudiante y profesor (1954-1969) lo catapultó al escenario político, hasta ocupar el puesto de asesor de seguridad nacional de Richard Nixon, ascendido luego a secretario de Estado en ese mandato y el de Gerald Ford.

En consonancia con el pensamiento de Kissinger –bautizado como el Metternich estadounidense–, una de las interrogantes actuales es determinar si esta crisis redimensionará el paradigma entronizado desde la Paz de Westfalia (1648) que puso fin a las guerras religiosas desarrolladas desde la Reforma Protestante de Martín Lutero (1517), marcando el surgimiento del estado moderno como institución, un modelo legitimado en el Congreso de Viena (1815) al recobrarse las fronteras europeas deshechas por Napoleón Bonaparte.

El impacto del COVID-19 nos impone un retorno al fragmento medieval, obligándonos a enquistarnos como plazas sitiadas. “Deviene anacrónico –cito a Kissinger– un renacimiento de la ciudad amurallada, en una época en que la prosperidad depende del comercio mundial y el movimiento de personas”. En la actualidad se impone el diseño de estrategias que no posicionen el lacerante nacionalismo económico que está proliferando, al inculpar a la globalización de las actuales problemáticas y eludir que desde los años 50 del siglo XX se entronizó como proceso.

Otro de los dilemas de Kissinger genera insomnio en tirios y troyanos: dinamizar la economía global en medio de las actuales turbulencias. Algunos establecen una analogía con el crack de 1929, aunque es oportuno subrayar que los recortes sociales catalizaron la caída de Wall Street en aquel momento, asentándo la actual estrategia en la inyección de dinero. Es imprescindible evitar que se desencadene un estancamiento secular, término económico acuñado por Alvin Hansen en los años 30 del pasado siglo, pues condicionaría una recuperación lenta, acompañada de elevados niveles de desempleo que obligarían a imponer tasas de interés igual a cero o tendentes a esa cifra. En el mes de abril, en EEUU se puso fin a la expansión económica más prolongada de la historia que había comenzado en 2009.

Aumentar el déficit fiscal parece la solución a priori para ralentizar el impacto de una crisis bautizada por el Fondo Monetario Internacional (FMI) como El Gran Confinamiento, aunque, como asegura el premio nobel de Economía Paul Romer, la efectividad de las respuestas económicas solo será medible cuando las personas se inserten nuevamente en las dinámicas laborales.

Para Kissinger la actual situación política y económica podría prolongarse por generaciones. Evidencia de que cuando Francis Fukuyama intentó en 1992 reinterpretar el fin de la historia, se sintió demasiado entusiasmado por la debacle del comunismo, sin anticipar conflictos como los de la actual pandemia. Es difícil hacer predicciones que definan el decursar histórico o el comportamiento de la legitimidad política, aun cuando los historiadores rememoren, una y otra vez, a la pandemia del siglo XIV (1348-1350) como preámbulo de cambios raigales como la génesis de la ley de Estatutos de los Trabajadores y desplazamientos sociales sin precedentes en Europa.

Al aludir a los principios del orden social liberal, Henry Kissinger asegura: “Las democracias del mundo necesitan defender y mantener los valores de la Ilustración. Un retroceso global del equilibrio entre el poder y la legitimidad hará que el contrato social se desintegre tanto a nivel nacional como internacional”. A lo anterior, agregaría una tesis expuesta por Kissinger en The New World Order: “No existe un mecanismo efectivo que posibilite la cooperación y el consenso entre las potencias en materia de intereses nacionales”. Es difícil imaginar una estrategia de diseño social que suplante al estado como actor global.

Quizo la historia que figuras como Zbigniew Brzezinski –demócrata– y Henry Kissinger –republicano– se convirtieran en dos de los más grandes pensadores geoestratégicos de la historia. El origen polaco de Brzezinski y alemán de Kissinger reafirman a EEUU como un crisol cultural –melting pot–, apelando al término acuñado por Israel Zangwill en su obra The Melting Pot (1908).

Los aportes de Kissinger son invaluables, aun cuando corresponda a la historiografía situar en una justa dimensión pasajes de su vida como los bombardeos a Cambodia, para algunos condicionante de la aparición del régimen de Pol Pot en el escenario político; el impacto de sus estrategias con el cono sur americano en los años setenta del pasado siglo, o acusaciones como las lanzadas por el entonces joven senador de 33 años, Joe Biden, inculpándolo de querer convertir a EEUU en una “Doctrina Monroe global”.

Pero es incuestionable que este hombre, quien cumplirá 97 años este 27 de mayo con una lucidez admirable, está inscrito en la historia. Sus recientes valoraciones sobre el COVID-19 tuvieron un gran impacto en los medios de prensa, siendo consideradas viscerales en esta etapa y reafirmando que la impronta de su realismo como doctrina de política exterior –heredada de Hans Morgenthau– continúa siendo un referente mundial.

Siempre que aludo a Henry Kissinger rememoro la frase del exsecretario de Defensa Robert McNamara aquella tarde del 11 de octubre de 2002 en La Habana, cuando al cuestionarlo sobre su figura se limitó a sentenciar: “Es que cuando Kissinger habla hasta Dios escucha”.

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

Aparecen en esta nota:

DLA Clasificados

 

Diario Las Américas no se hace responsable de las opiniones emitidas por los lectores; sin embargo, exhorta a evitar el lenguaje vulgar u ofensivo contra terceros. Nuestra empresa se acoge al derecho de eliminar cualquier comentario que viole estas normas.

Diario Las Américas is not responsible for the opinions issued by the readers; however, it urges to avoid vulgar or offensive language against third parties. Our company is entitled to remove any comments that violate these rules.

Deja tu comentario

Se está leyendo

Lo último

Encuesta

Miami-Dade podría iniciar el 30 de septiembre el regreso escalonado a las clases presenciales. Así lo recomienda el superintendente Alberto Carvalho. Para Usted...

Es una muy buena noticia para los estudiantes y sus familias. Ya era hora
Es importante que las escuelas cumplan todos los protocolos para evitar contagios
Creo que es apresurado. Los padres deben ser quienes decidan si envían o no a sus hijos
Debemos esperar un poco más. Que la escuela se aliste, ok, pero que la realidad decida
ver resultados

Las Más Leídas