Las Palabras de Carlos Sánchez Berzaín sobre el régimen cubano el pasado mes de julio en una conferencia que tuvimos el honor de compartir diferentes interlocutores en el Instituto Iberoamericano por la Democracia en honor a las protestas del 11 de julio me suscitaron escribir hoy este artículo.
No pretendo repetir su análisis, sino tomar aquella expresión como punto de partida para mirar, desde mi propia experiencia y conciencia, una realidad que trasciende cualquier discurso político: la de un pueblo que lleva más de seis funestas décadas soportando la agonía, el miedo, la separación y la pérdida de su dignidad.
El verdadero Ultimátum no lo pronuncia solamente un gobierno extranjero, un analista o una organización internacional. Lo está pronunciando hace décadas la propia realidad del cubano de a pie: los hospitales sin recursos, los ancianos condenados a sobrevivir, los apagones, las familias separadas por la emigración provocada y manipulada. Por la muerte indigna de los pobres de la tierra.
Cuba está cansada de tanto tocar fondo, pero estar cansada no significa estar vencida del todo. La libertad comienza cuando un pueblo vuelve a reconocer que lo intolerable no puede convertirse en normalidad.
La realidad de la Isla no es solamente un problema político o económico. Es una tragedia humana que requiere atenciones especiales y urgentes. Las Instituciones tienen que renacer en el espíritu de la calidad, la honestidad y trabajar por el bien común por el que fueron creadas.
La libertad que todos anhelamos para la Cuba del presente-futuro debe aprender a vivir en Democracia. Eso significa respetar al adversario, proteger al que piensa diferente y comprender que ningún partido, ideología, familia o grupo político puede considerarse por encima de la Constitución de la República.
La Patria pertenece a quienes permanecieron, a quienes tuvieron que marcharse, a quienes fueron encarcelados por su conciencia política, a quienes fueron silenciados y a quienes murieron esperando verla libre y soberana.
Mientras exista un cubano digno y capaz de pronunciar la palabra Libertad sin renunciar a la Esperanza, la historia de nuestra querida Casa Cuba seguirá abierta a la Gracia de Dios, a la Vida y a la Prosperidad.