La Casa Blanca ha dejado en vilo a cientos de miles de jóvenes hasta el próximo martes, cuando el presidente Donald Trump decidirá la suerte de los llamados dreamers, quienes hasta ahora han estado protegidos bajo el Programa de Acción Diferida (DACA, por sus siglas en inglés), que es fruto de una orden ejecutiva del entonces presidente Barack Obama.

Trump reiteró en varias ocasiones durante la campaña presidencial sus intenciones de deportar a quienes no tienen un estatus legal en el país y se mostró propenso a estudiar el amparo concedido por Obama a los más de 750.000 jóvenes que arribaron a EEUU muy pequeños juntos a sus padres de manera ilegal.

Según el Instituto de Política Migratoria, 1.9 millones de estudiantes indocumentados cumplen los requisitos para acogerse a DACA. Para ello es necesario que, en general, quienes aspiren no tengan antecedentes penales, hayan asistido a la escuela secundaria en suelo americano o hayan pertenecido al Ejército. De esta cifra, muchos han optado por no solicitar el amparo. El Gobierno federal ha aprobado al menos 788.000 peticiones.

Muchos esperan que Trump no revierta la decisión de Obama y siga brindando protección a estos jóvenes. Otros tantos temen que el Presidente borre de un plumazo el amparo y deje literalmente en un limbo migratorio a esos muchachos.

Si Trump decide hacer lo segundo, más que una deportación sería un destierro, pues muchos de ellos llegaron a EEUU a tan temprana edad que no conocen otro país que este, en el que han crecido.

El Presidente debería tomar en cuenta el lado humano de esta tragedia que afecta a un sinfín de familias, porque se trata de las futuras mentes del país, de la fuerza laboral de una nación forjada en la aceptación y la tolerancia y toca las bases de un país construido con el sudor de inmigrantes.

EEUU necesita a estos jóvenes que acogió como suyos cuando eran pequeños y sus padres se aventuraron a emigrar, aunque fuera de manera ilegal. Muchos de ellos ni recuerdan ni tienen lazos reales con la tierra que dejaron atrás, tampoco deben tener un sentido de pertenencia que los ate o identifique con el país donde nacieron, porque crecieron en la “Gran Nación del Norte”, aquella que promete un futuro mejor a costa del sacrificio.

En vez de arrebatarles el sueño americano, deberíamos abrirles las puertas para darles la oportunidad de contribuir a construirlo.

FUENTE: REDACCIÓN

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