La crisis mundial por la pandemia del coronavirus es utilizada en beneficio del crimen organizado transnacional por las dictaduras de Cuba, Venezuela y Nicaragua. Antes de la pandemia, el régimen cubano, hundido en la miseria, trataba de disimular su “nuevo periodo especial” bajo amenaza del desborde social. La usurpación de Venezuela agonizaba con sus principales capos buscados con millonarias recompensas, y el dictador de Nicaragua intentaba evitar una resistencia civil terminal.

Ahora aprovechan la pandemia para fortalecer sus regímenes de facto, conspiran para derrocar democracias y lucran con la ayuda internacional, el tráfico de médicos esclavos e incrementan el narcotráfico.

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El “castrochavismo” implementó en el segundo semestre de 2019 un masivo e intenso proceso de desestabilización de las democracias en las Américas, promoviendo y realizando un fallido golpe de estado contra el presidente Lenín Moreno en Ecuador, destrozando con violencia la estabilidad y la economía de Chile, activando las guerrillas FARC en Colombia y ejecutando un extenso plan de desestabilización del gobierno del presidente Iván Duque en Colombia, lanzando una sostenida conspiración contra el presidente Jair Bolsonaro en el Brasil y más.

La “ofensiva del castrochavismo para desestabilizar los sistemas y gobiernos democráticos” que pusimos en evidencia, fue articulada por el “foro de Sao Paolo”, confesada por el dictador Nicolás Maduro y su cómplice Diosdado Cabello, denominada “brisita bolivariana”, operada por las embajadas de Cuba y Venezuela y miembros de las FARC en los países agredidos. Fue contenida pero no derrotada y perdieron al dictador Evo Morales de Bolivia, ahora prófugo bajo protección de Cuba, México y Argentina.

La respuesta a la pandemia también está marcada por la naturaleza de los gobiernos, ya que mientras las democracias -con aciertos y errores- reaccionaron en el marco de la obligación de respetar los derechos humanos, del estado de derecho, la libertad de prensa, de las obligaciones de rendición de cuentas y transparencia, las dictaduras lo hicieron en su sistema de opresión, represión y comisión diaria de más delitos para cumplir su único objetivo que es mantenerse indefinida e impunemente en el poder. Las democracias pusieron en marcha planes de emergencia y medidas de contención para proteger a sus pueblos, mientras las dictaduras implementaron una estrategia para sostenerse en el poder, incrementar la conspiración transnacional y sacar el mayor beneficio económico aprovechándose de la crisis.

La utilización del coronavirus para sostenerse en el poder ha sido públicamente expresada y ejecutada por las dictaduras de Cuba, Venezuela y Nicaragua que han descartado toda acción a favor de la restitución de la democracia, han continuado tomando presos políticos y traficando con ellos. Las acciones internacionales contra las dictaduras han quedado prácticamente paralizadas, las iniciativas estancadas, el Grupo de Lima sobre el tema de Venezuela inactivo, el TIAR como enunciado y las dictaduras pidiendo que “cesen las presiones y las sanciones” utilizando la coartada el coronavirus.

Para sostenerse con el pretexto del coronavirus, las dictaduras no han dudado en usar más fuerza y represión internas y promover concentraciones, marchas y contactos masivos no recomendados. Han incrementado el control y censura de prensa, la violación de la libertad de expresión y obviamente falsean y manipulan los datos sobre el número de contagiados, enfermos y fallecidos por la pandemia. La indefensión de los ciudadanos es extrema por el estado de pobreza, hambre e inexistencia de condiciones en los servicios de salud de estos países, mientras el sistema de amedrentamiento de facto y judicializado está en operación incrementada con la propaganda dictatorial falsificando en pleno.

Utilizando los conflictos que trae consigo la pandemia, las dictaduras del castrochavismo han reactivado las conspiraciones con énfasis en Ecuador, Bolivia, Colombia y Brasil, buscando abiertamente la caída de gobiernos y atacando la legitimidad de los mandatarios, ante políticas locales que en países con alta “informalidad” están generando más pobreza y descontento.

En lo económico buscan la mayor ayuda internacional pero con gestión dictatorial para usarla como herramienta de opresión y sometimiento. Cuba ha reactivado su sistema de “tráfico de personas” declarado por las Naciones Unidas como “explotación esclavista” y con la complicidad de organismos internacionales de salud está vendiendo esclavos a varios países entre los que destaca Argentina. El incremento del narcotráfico no pasa desapercibido como parte de la estrategia dictatorial.

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