El apretón de manos entre el presidente de Estados Unidos y el líder de Corea del Norte, en la cumbre de Singapur, pasará a la historia como uno de los momentos más dramáticos de la administración de Donald Trump.

Cualquiera que sea el resultado final, de lo que se espera será un camino largo y lleno de obstáculos para una serie de reuniones de alto nivel. El primer contacto personal entre un presidente estadounidense en funciones y el dirigente norcoreano fue extraordinario por varias razones.

No hace tanto tiempo que Trump, durante su alocución ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, se refirió a Kim jong-un como “el hombre cohete”, a la par que anunció estar preparado para "destruir totalmente" a Corea del Norte si Estados Unidos o sus aliados eran atacados, lo que le valió la calificación de “mentalmente trastornado" por parte del norcoreano.

Con todo esto, el juego diplomático se abrió paso ante la sorpresa de quienes opinan de oficio en Washington, lo que permitió que ambos gobernantes llegaran a la misma conclusión: explorar los beneficios de una cumbre sin precedentes, entre Estados Unidos y Corea del Norte, en vez de continuar agitando la arena internacional con amenazas de destrucción nuclear.

Ya bien lo decía el presidente Woodrow Wilson cuando dijo que una diplomacia abierta ayudaría a evitar nuevas guerras.

Este desenlace sería aún más inverosímil, si tomamos en cuenta que Trump y Kim parecían ser las personas más improbables para forjar algún tipo de relación significativa con objetivos políticos.

Trump de 72 años, ganó las elecciones presidenciales con una combinación de promesas desafiantes, como poner a Estados Unidos primero y la determinación de mostrar mano dura con cualquier país que vaya en contra de los intereses de seguridad estadounidenses, incluyendo las amenazas planteadas por Corea del Norte e Irán.

Por su parte, Kim Jong-un, con solo 34 años, menos de la mitad de la edad de Trump, ha tratado de demostrar que puede igualar en dureza y retórica al presidente estadounidense.

Cuando Trump repentinamente canceló la reunión por un capítulo de creciente hostilidad entre Pyongyang y Washington, Kim dejó en claro que él personalmente deseaba que la reunión siguiera adelante.

No es de esperar que Kim entregue todas sus armas nucleares y misiles balísticos de largo alcance después del primer apretón de manos. El mismo Trump reconoció en varias ocasiones que la cumbre en Singapur sería la primera de muchas reuniones.

Desmantelar el programa nuclear de Corea del Norte, si sucede, probablemente tomará mucho tiempo e incluso todo podría ir mal. Las anteriores promesas de desnuclearizar de Corea del Norte han quedado en nada. ¿Por qué debería ser diferente ahora?

Corea del Norte ratificó el Tratado de No proliferación Nuclear, en diciembre de 1985 y siete años después acordó con Corea del Sur desnuclearizar la península, pero luego empezó a flaquear.

En 1994 Jimmy Carter, luego de haber cumplido su mandato presidencial, viajó a Corea del Norte para reunirse con Kim Il Sung, el fundador de la dinastía Kim, y sentar las bases de un acuerdo que congelara la construcción de reactores y la producción de plutonio, a cambio de combustible y otros beneficios, pero nada sucedió.

En el 2000, también la entonces secretaria de Estado, Madeleine Albright, voló a Pyongyang para reunirse con el entonces gobernante norcoreano, Kim Jong Il y preparar la posible visita del presidente Bill Clinton pero no lograron llegar a un acuerdo.

Entre el 2002 y 2007 se producen varias rondas de conversaciones en las que participaron Estados Unidos, Corea del Norte, Corea del Sur, Japón, China y Rusia, después de la retirada de Corea del Norte del Tratado de no proliferación nuclear en 2003.

Las Conversaciones de las Seis Partes terminan después de que Corea del Norte lanzara uno de muchos misiles, que provocaron la condena unánime del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y las subsecuentes sanciones.

Lo que es diferente ahora, entre Trump y Kim, es la posibilidad de forjar una verdadera relación de la que podría surgir algo potencialmente histórico en pro de la paz mundial. Nada se logrará si ambos vuelven a la retórica beligerante y hay mucho que perder.

El apretón de manos fue un momento realmente grandioso, pero la diplomacia del riesgo no es un juego de resultados instantáneos.

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

 

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