La solidaridad saca a flor lo mejor del ser humano. Es producto de la empatía. El psiquiatra que atendió a los criminales condenados en Núremberg por crímenes tan horrendos como el exterminio de 6 millones de judíos vivía obsesionado por saber cuál era el origen del mal. ¿Qué movía a un ser humano a ser parte de semejante monstruosidad? Tras compartir diez meses con los acusados, concluyó que era la falta de empatía la culpable de la ausencia de conciencia.
La situación de los presos políticos en Cuba es uno de esos ejemplos. Largas e injustas condenas, falta de recursos legales, juicios amañados, castigos inhumanos, torturas, electroshocks, masacres, golpizas, celdas tapiadas, huelgas de hambre, trabajo forzado, falta de atención médica y hambruna. Con las mujeres el patrón ha sido el mismo. Sin embargo, y a pesar de 67 años de ininterrumpida crueldad, todavía los hay que prefieren no escuchar.
Acaba de regresar otro grupo de congresistas demócratas que se aventuraron a viajar a Cuba, reunirse con Díaz-Canel y coincidir con los victimarios, ignorando a las víctimas. Son los peregrinos políticos de siempre. Se abrazan a cualquier causa, siempre y cuando venga de la izquierda y su deslumbrante decadencia.
Me dan asco, asco infinito todos los que de una manera u otra tratan de justificar que se deba negociar, visitar o salvar la permanencia de una dictadura que lleva ya más de 6 décadas en el poder, avalada por los enemigos de Estados Unidos y la humanidad. Si no aprendemos a respetar a las víctimas jamás podremos levantar cabeza como nación.
Mantengo que el exilio es el más formidable enemigo del régimen de La Habana. Lo somos por nuestra constancia. Por no dejar morir la causa que nos legaron nuestros padres y abuelos. Hemos dicho presente cada vez que ha hecho falta. No nos conformamos con que liberen a los presos políticos. Queremos detener la maquinaria represiva que los lleva a prisión. Queremos una Cuba libre de todo el mal que le ha producido la era de los Castro.
Julio González Rebull, un amigo, nacido en este país, orgullosamente cubano americano, hijo de un héroe de la Brigada 2506, acaba de escribir una canción sobre un hombre al que no conoce y languidece en una prisión en Cuba. “Él se pudre, pero el que huele mal eres tú,” dice la letra, refiriéndose a la inacción de quienes prefieren ignorar el crimen. El hombre al que se refiere es Maykel Osorbo. Escribió una canción que conmovió a una nación. Patria y Vida. Se ganó, no uno, dos codiciados Grammys y lleva ya cinco años tras las rejas. Su crimen fue salir a la calle junto a miles de sus compatriotas a pedir libertad. Hay que preguntar: “Donde está la indignación”?
Los socialistas de champagne van a Cuba, los deslumbran las palmas, el tabaco y el ron, pero no los lastimados huesos de más de mil presos políticos. Entre ellos hay un hombre de 82 años, Miguel Díaz Bouza, quien ya ha cumplido 32 de los 35 años a los que fue condenado. “Donde está la indignación?”
Una valiente mujer, Sayli Navarro, y su padre, Félix Navarro, están en prisión por reclamar libertad. María Cristina Garrido por escribir poesía. Nos dice esto desde la prisión describiendo su vida como rehén del régimen de los Castro:
“Jamás había visto el cementerio de los vivos/ Tampoco sabía que así les llamaban/ a las cautivas de rigor. /En ese momento dejé de ser yo/ y me sumé a la magia de los desaparecidos.”
Por eso es importante recordar a quienes el régimen encierra queriendo silenciar sus voces. Víctimas de un criminal sistema que cree que privando al ser humano de libertad pueden aplastar su justo reclamo. Las ideas, canciones y poemas desconocen de barrotes siempre y cuando existan quienes estemos dispuestos a repetirlos hasta la saciedad.
“El silencio es ensordecedor”, si dejamos que los sea. Julio González Rebull, un prestigioso ejecutivo uso su talento musical y su pasión por Cuba. “Abre tus ojos y enrumba tus pasos. Maykel Osorbo es su nombre.” Y lanza la pregunta al aire: “Donde están las voces? Eres tú quien escoge, no es para luego, este es el momento de tu redención.” El final de la canción es una lección cautelaría para quienes ignoren la realidad de la Cuba esclava: “Alza tu voz ahora, o de por siempre…tendrás que cargar con tu tormento.”
Hace un par de años, cuando se estrenó la película Plantadas, al salir del cine me encontré con una joven mujer, Thais Franco, recién salida de prisión, con una historia muy similar. Su amiga, todavía impactada por la película que mostró el calvario de mujeres avasalladas por la crueldad que caracterizó el comienzo de la revolución, me preguntó: ¿Cuándo perdimos el rumbo como nación? ¿Cuándo parará esta pesadilla? No tengo la respuesta para ninguna de las dos preguntas, pero tiene que haber un final y no será precisamente con apaciguamiento a los represores ni con la complacencia de los indolentes.
El sueño por una Cuba libre seguirá vivo mientras cada cubano se haga el firme compromiso de no olvidarla. Mientras el hijo de un brigadista no deje caer la bandera. El hijo de un fusilado o un preso político busque justicia. Mientras que el hijo de un desterrado alce su voz.