Si bien es cierto que cada presidente estadounidense tiene un estilo propio en su relación con los medios, la mayoría de ellos reconoce su importancia como vía para transmitir políticas y estrategias gubernamentales, a pesar de que cada uno tenga una función diferente en democracia.

El tercer presidente de Estados Unidos (1801-1809) Thomas Jefferson, por ejemplo, fue siempre un gran defensor de la libertad de expresión, aunque muy crítico de la naturaleza partidista de los medios.

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En cuanto al veintiseisavo presidente, Theodore Roosevelt, (1901-1909) no cabe duda, de acuerdo a los relatos, que sabía usar a la prensa a su favor, dando a los periodistas información el domingo para luego medir la aceptación popular de sus decisiones gubernamentales, en base a las reacciones que provocaban los titulares del lunes.

Desde el inicio de la presidencia de Harry S. Truman (1945-1953) las relaciones entre el poder ejecutivo y los medios se tornaron tensas por un erróneo titular que daba por perdedor a Truman frente a su contendor electoral, el gobernador republicano Thomas E. Dewey, cuando en realidad Truman resultó victorioso.

El titular en cuestión decía: "Dewey derrota a Truman".

Cierto es que al actual presidente Donald Trump no se le podría señalar por guardar silencio frente a los medios, pues sus puntos de vista son conocidos gracias a un flujo constante de tuits y la celebración de improvisadas ruedas de prensa.

Sin embargo, los corresponsales que cubren la Casa Blanca no están contentos con él.

Los periodistas de los principales medios de comunicación del país se han acostumbrado, a lo largo de los años, a las sesiones informativas diarias con un vocero en la Casa Blanca y a cubrir conferencias de prensa formales del jefe de Estado .

Estas sesiones, consideradas parte del ritual en Washington, suponen un cara a cara con la administración, que brinda una oportunidad única para validar o desafiar perspectivas en todos los temas de interés social mediante un intercambio formal de preguntas y respuestas.

El punto es que Trump es un mandatario con un estilo propio y esto incluye su manera de comunicarse con los medios.

Además del suministro regular de tuits, el mandatario ha optado por dirigirse a los periodistas de manera más informal y cuando sea necesario, ad hoc, cuando está a punto de abordar el Marine One, el helicóptero que aguarda por él en el césped de la Casa Blanca.

Con el ruido del rotor del helicóptero detrás de él, el Presidente escoge las preguntas que quiere responder y debe gritar sus respuestas, lo que se ha convertido en una forma dramática de presentar sus puntos de vista, pero sin tener que enfrentrase formalmente ante inquisitorias preguntas en la comodidad de una sala de conferencias o centro de medios.

Quienes son parte del cuerpo de prensa de la Casa Blanca dicen que este formato es un desastre. A menudo no pueden escuchar las respuestas correctamente y sus preguntas son generalmente ignoradas, a menos que se refieran a un tema que se desee abordar.

En otras palabras, no hay un esquema para manejar información sensible.

Esta frustración se ha incrementado significativamente, por el hecho de que las sesiones informativas diarias con el vocero ya no tienen lugar.

La nueva secretaria de prensa, Stephanie Grisham, que sucedió a Sarah Huckabee Sanders, aún no ha realizado una rueda de prensa en la Casa Blanca.

Es conocido que desde sus inicios en la política Trump siempre ha tenido una relación difícil con los medios y prefiere comunicarse directamente con la gente.

Recientemente, durante la reunión del G7 en Biarritz, Francia, también cargó públicamente en contra de los medios por unos supuestos fake news.

El impacto que puedan o no tener estos comentarios en la libertad de prensa puede abrir un debate, pero de cualquier manera parece que la era de las sesiones informativas formales diarias claramente ha terminado.

Tampoco el Pentágono y el Departamento de Estado dan ruedas de prensa diarias y el cuerpo de prensa asignado a estos dos departamentos enfrenta frustraciones similares.

Otro de los desafíos de los medios es mantener el ritmo ante el abrupto cambio de decisiones que se produce desde la Oficina Oval, como el aparente retroceso ejecutivo en medidas como la expansión de los controles de armas.

Lo que sí es cierto es que esta administración procura abundante material noticioso para escribir los titulares del día siguiente y al parecer eso todavía da de comer a la industria de la comunicación. La pregunta es por cuánto tiempo.

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

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