Bajo los llamados de “Palestina libre" y "alto al fuego ahora" miles de manifestantes se congregaron el pasado sábado en Washington como parte de una acción global para denunciar la guerra entre Israel y Hamas, en Gaza.
Sin duda, el estilo de liderazgo influirá en las elecciones de noviembre y dado que parece cada vez más probable que se repita la elección Biden-Trump de 2020
Bajo los llamados de “Palestina libre" y "alto al fuego ahora" miles de manifestantes se congregaron el pasado sábado en Washington como parte de una acción global para denunciar la guerra entre Israel y Hamas, en Gaza.
Fue una de las manifestaciones pro-palestinas más grandes, hasta ahora, para exigir a la Casa Blanca que deje de enviar armas a Israel.
“Ambos bandos, israelíes y judíos- ven la guerra en términos existenciales demostrando poco respeto por las vidas de los civiles. Israel, que hasta ahora sólo ha tenido un éxito modesto en su lucha para destruir las vastas estructuras subterráneas de Hamas, ha arrasado gran parte de lo que está en la superficie. La guerra y su enorme costo humano, ha provocado una crisis geopolítica volátil que, como lo han sugerido los recientes acontecimientos en el Líbano, Irak, Irán y el estrecho de Bab al-Mandab, puede desencadenar una conflagración regional más amplia” opinan Leonard Rubenstein y J. Stephen Morrison del Center for Strategic and International Studies (CSIS).
La ironía de esta trágica situación es que Israel no le está haciendo ningún favor a su principal aliado, Estados Unidos que ha respaldado a Tel-Aviv desde las terribles atrocidades cometidas por Hamás el 7 de octubre.
Ahora, este apoyo ha forzado al presidente, Joe Biden, a ampliar hostilidades contra los hutíes en Yemen- una milicia chiita aliada de Hamás e Irán, que intenta presionar a Israel por la guerra de Gaza, además de buscar aumentar su influencia en la región.
Los hutíes han prometido atacar el transporte marítimo comercial con destino a Israel en el Mar Rojo, mientras continúe la ofensiva israelí en Gaza.
Biden había pasado semanas intentando impedir que la guerra en Gaza se extendiera por el Medio Oriente y por eso se abstuvo de tomar represalias contra los hutíes, que controlan gran parte de Yemen, a pesar de que lanzaron más de dos docenas de ataques sobre el Mar Rojo, entre drones, misiles de crucero y misiles balísticos antibuque.
Es habitual decir que los hostigadores sólo entienden y respetan la fuerza militar, pero Biden con la mira puesta en evitar un conflicto regional, evitó tomar acciones hasta el jueves pasado cuando los misiles hutíes fueron derribados por buques de guerra estadounidenses, aunque no se bombardearon los sitios de lanzamiento hutíes dentro de Yemen.
La cautela mostrada por Washington recibió un amplio apoyo de los aliados occidentales que igualmente temen una escalada en un país que ya ha sufrido casi diez años de guerra civil. Sin embargo, fue aprovechada por los hutíes para continuar los ataques a las embarcaciones en el mar Rojo a pesar de que Washington, Londres y otros miembros de la coalición emitieran un ultimátum para que cesaran los ataques.
Estos desarrollos ¿pueden acaso cuestionar la efectividad del liderazgo estadounidense dentro y fuera del país?
Como super potencia global, todo lo que hace y dice Estados Unidos, tiene un impacto e influencia, de gran alcance.
Aprovechando el momento ¿se sentirá China, por ejemplo, más confiada en su intento de tomar el control de Taiwán militarmente?
Y mientras la carrera por la Casa Blanca avanza ¿puede el expresidente Donald Trump utilizar esta coyuntura a su favor en detrimento de Biden?
Aunque fue una forma arriesgada de mantener a raya a los enemigos potenciales, durante sus cuatro años en la Casa Blanca, el enfoque de la política exterior de Trump estuvo impulsado en parte por su carácter impredecible y ninguno de sus rivales en el extranjero, incluidos China, Rusia, Irán y Corea del Norte, sabía con certeza cómo respondería Estados Unidos ante una agresión.
Si bien Trump intentó su ofensiva de seducción con el líder norcoreano, Kim Jong-un, también le advirtió que, si alguna vez lanzaba misiles contra Estados Unidos, destruiría su país.
Trump siempre estuvo más preparado para amenazar a los enemigos con su superioridad militar, mientras que Biden ha preferido dejarla como un último recurso.
Sin duda, el estilo de liderazgo influirá en las elecciones de noviembre y dado que parece cada vez más probable que se repita la elección Biden-Trump de 2020, sus diferentes enfoques de la guerra y el uso de la intervención militar estadounidense podrían marcar una gran diferencia, especialmente si los conflictos en Gaza y Ucrania continúan por los próximos diez meses.
