miércoles 12  de  agosto 2026
OPINIÓN

El 'muerto' que volvió 40 veces más grande

Un análisis preciso para contar las cosas como son

Por Mookie Tenembaum

Existe un negocio donde las empresas mueren y después regresan. Sin embargo, no vuelven iguales, lo hacen más más grandes que antes de su deceso. La historia parece a primera vista un milagro, pero es en realidad una lección sobre el azar.

El caso es que hay una industria discreta que fabrica los componentes encargados de gobernar la electricidad. Estos no son los cerebros de las máquinas sino sus músculos callados, mueven la corriente y soportan el voltaje sin quejarse.

Se trata del carburo de silicio, un cristal más duro y eficiente que el silicio común de los chips ordinarios. En realidad, resisten el calor que fundiría a otros materiales y casi nadie repara en su existencia. Sin embargo, nada funciona cuando ellos faltan.

Durante varios años esa industria vivió del automóvil eléctrico. Los autos necesitaban esos componentes para gastar menos energía y mantenerse livianos. La demanda parecía no tener límite alguno, así, muchas empresas ampliaron sus fábricas con entusiasmo.

Luego el automóvil eléctrico se frenó de manera inesperada. El apetito se apagó casi de un día para otro. Cuando los precios cayeron por debajo del costo de fabricarlos, las plantas quedaron llenas de una mercancía que ya nadie quería. Una empresa estadounidense líder en el rubro terminó en la quiebra y una china que ganaba dinero lo perdió todo.

Aquí concluye la primera mitad del relato. Si bien parece una fábula sencilla sobre el fracaso, no lo es de ninguna manera.

Mientras esas fábricas agonizaban ocurría algo lejano y ajeno cuando las empresas de inteligencia artificial construían enormes centros de cálculo. Esos centros consumen cantidades desmesuradas de electricidad, entonces alguien descubrió un detalle curioso y decisivo; que los componentes diseñados para el automóvil servían también para alimentar esas máquinas.

El dispositivo pensado para mover un auto ahora alimenta una máquina que razona y se trata exactamente del mismo objeto. Nadie modificó su interior ni su fórmula, solo cambió el mundo alrededor de él.

Wolfspeed salió de la quiebra en apenas tres meses. Los acreedores se convirtieron en los nuevos dueños y la empresa renació con 70% menos deuda. La acción nueva multiplicó su valor por cuatro desde abril y al momento de escribir estas líneas superaba los $60 dólares. Su negocio de centros de datos creció 30% en un solo trimestre. Los que la daban por muerta debieron corregir su juicio.

Si bien el objeto no cambió en nada, lo que se alteró fue su vecindario. El valor no vive dentro de las cosas, sino que es una relación entre ese elemento y el mundo. Estas empresas no se salvaron por mérito propio, sino por la fortuna de un vecino poderoso.

Y sin embargo la historia guarda una advertencia final. En el mismo momento del renacimiento la fábrica más importante del planeta anunció su retirada. Decidió abandonar una rama de este negocio dentro de dos años. Si el fabricante más capaz se marcha algo inquieta a los demás y ni una resurrección espectacular disuelve toda la duda.

De todo esto conviene extraer una enseñanza, ya que existen dos zonas muy distintas en el mundo de la inteligencia artificial. En el centro están los cerebros más avanzados de las máquinas. Ese centro parece seguro y su fortuna luce garantizada. En los costados viven los componentes humildes y olvidados. Esos costados nacen y mueren según el capricho de la demanda.

Los costados enseñan algo que el centro prefiere ocultar. Ninguna fortuna se posee de verdad y toda supervivencia es un préstamo que alguien puede reclamar. La empresa resucitada no domina su destino porque depende de que la inteligencia artificial siga teniendo hambre.

A esta altura, un lector atento estimaría que esto ocurre lejos de su vida, pero se equivoca con una serenidad notable. Casi todos vivimos en el costado del auge de algún otro. Nuestra prosperidad depende de apetitos que no controlamos y somos el componente humilde de una máquina que no vemos. Conviene recordarlo mientras dure la fortuna prestada.

Las cosas como son.

Mookie Tenembaum aborda temas de tecnología como este todas las semanas junto a Claudio Zuchovicki en su podcast La Inteligencia Artificial, Perspectivas Financieras, disponible en Spotify, Apple, YouTube y todas las plataformas.

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