Diversos gobiernos occidentales han advertido en los últimos años sobre el incremento de campañas de desinformación vinculadas con conflictos geopolíticos, ciberataques y procesos democráticos. Para especialistas en inteligencia estratégica, la IA representa un punto de inflexión porque multiplica el alcance, la velocidad y la capacidad de persuasión de estas operaciones.
En ese contexto, el experto José J. Sanmartín, Senior Fellow y enlace europeo del Miami Strategic Intelligence Institute, advierte en entrevista exclusiva con DIARIO LAS AMÉRICAS que la inteligencia artificial se ha convertido en un componente esencial de la llamada "guerra cognitiva".
"La Inteligencia Artificial contribuirá a crear narrativas atrayentes que hagan creíbles las operaciones de influencia, las acciones de guerra cognitiva", afirma.
A su juicio, el desafío ya no consiste únicamente en detectar información falsa, sino en desarrollar capacidades tecnológicas que permitan neutralizar este tipo de amenazas antes de que afecten la seguridad de los Estados.
"Resulta urgente y factible crear un antídoto contra la IA, un arma tecnológica que permita conjurar toda amenaza hacia la Seguridad Nacional o el proceso de toma de decisiones en una democracia constitucional", sostiene el especialista en su análisis.
La guerra cognitiva
Sanmartín define la guerra cognitiva como la evolución tecnológica de la antigua guerra psicológica.
"Se caracteriza por su capacidad para condicionar nuestra percepción de la realidad, hasta el extremo de manipular y dirigir la interpretación de los hechos en el sentido deseado", explica.
Según el especialista, el verdadero objetivo de estas operaciones no consiste únicamente en difundir información falsa, sino en modificar la manera en que las personas procesan la realidad y toman decisiones.
El riesgo aumenta cuando esas campañas logran activar respuestas emocionales masivas.
"Una crisis de irracionalidad con fuerte potencial de contagio social puede reventar la estructura de una sociedad civil", advierte.
En ese escenario, la desinformación deja de ser un problema de comunicación para convertirse en un asunto de seguridad nacional, capaz de debilitar instituciones, generar polarización y dificultar la gobernabilidad.
Democracias en desventaja
Para Sanmartín, las democracias occidentales llegan tarde a este nuevo escenario.
Considera que durante años sus adversarios desarrollaron capacidades tecnológicas y perfeccionaron operaciones de influencia mientras los gobiernos democráticos mantuvieron estrategias eminentemente defensivas.
"Hemos perdido años de mejoras, que nuestros antagonistas aprovecharon para adelantar posiciones. Nuestro statu quo es mayormente defensivo, lo que nos ubica en una zona de manifiesta debilidad", destaca.
Desde su perspectiva, la respuesta no debe limitarse a contener las campañas de desinformación una vez que aparecen.
"Nunca derrotaremos a las fuentes tóxicas si no aplicamos castigos fulminantes, penas extensas e intensas y medidas realmente disuasorias", sostiene.
Deepfakes y clonación de voz
Entre las amenazas más inmediatas, el experto identifica los deepfakes, la clonación de voz y los contenidos sintéticos generados mediante inteligencia artificial.
Estas herramientas permiten fabricar discursos, declaraciones, entrevistas o imágenes aparentemente auténticas capaces de desacreditar dirigentes políticos, alterar mercados financieros o generar desconfianza en instituciones estratégicas.
"Un efecto siempre buscado por los intoxicadores es la activación de un proceso deslegitimador de las instituciones", señala.
Sanmartín considera especialmente vulnerables sectores como la sanidad, el transporte, la alimentación, la infraestructura energética y el control fronterizo, donde la difusión de información manipulada podría provocar pánico colectivo o afectar servicios esenciales.
También advierte sobre el creciente riesgo de chantaje contra dirigentes públicos y privados.
"Lo ideal sería disponer de dirigentes discretos, con una ejemplar vida privada y profesional, porque el chantaje rebrotará con la desinformación basada en la IA", puntualizó.
El papel de las plataformas tecnológicas
El especialista sostiene que las grandes plataformas digitales y las empresas desarrolladoras de inteligencia artificial desempeñarán un papel decisivo en esta nueva etapa.
"El control sobre el discurso visual y textual puede ser determinante para gobernar, no sólo dirigir, a la sociedad occidental", señala.
Sin embargo, considera que la respuesta no puede recaer exclusivamente en el sector privado.
Propone la creación de sistemas nacionales de inteligencia económica coordinados con los servicios de inteligencia estatales para proteger infraestructuras críticas, información estratégica y procesos democráticos.
"Todo lo que represente un activo para la Seguridad Nacional debe ser protegido", enfatiza el especialista.
Educación y regulación
Más allá de la tecnología, Sanmartín cree que la respuesta también pasa por fortalecer la educación y recuperar valores institucionales.
"La sociedad ha perdido referentes, lo cual ha generado un espacio gris donde prácticamente todo queda permitido. Es preciso recuperar el respeto a la ley, tan profundamente afectado por el relativismo moral", sostiene.
Asimismo, considera insuficiente la legislación actual frente a una amenaza que opera sin fronteras.
En su opinión, los Estados necesitan avanzar hacia mecanismos internacionales capaces de perseguir coordinadamente las campañas de desinformación promovidas por organizaciones criminales o actores estatales.
"Los criminales ya tienen sus plataformas internacionales y sus sistemas de cobertura mundial. La desinformación sí es transversal y universal; así debe ser también la lucha contra la guerra cognitiva", destacó Sanmartin.
Futuro inmediato
De cara a los próximos cinco años, Sanmartín prevé un escenario en el que la inteligencia artificial será utilizada cada vez más por actores estatales y organizaciones criminales para influir sobre sociedades enteras.
"La información se convertirá en una mercancía de tráfico ilegal como lo ha sido la droga. Las mafias elaborarán relatos espasmódicos a través de la IA para generar ataques de pánico social", advierte.
Para el especialista, la velocidad con la que evoluciona esta tecnología obliga a los gobiernos democráticos a actuar antes de que las capacidades ofensivas superen definitivamente los mecanismos de defensa.
A su juicio, el reto ya no consiste únicamente en combatir las noticias falsas, sino en proteger la capacidad de las sociedades para distinguir la realidad de la manipulación en un entorno donde la inteligencia artificial puede producir contenidos cada vez más convincentes y difíciles de detectar.
FUENTE: Redacción DLA