La reacción ante la dinámica de los actuales eventos bien podría condensarse en dos palabras: incertidumbre y desconfianza mientras el mundo avanza por el camino de la militarización.
Es demasiado pronto para saber si Europa se acostumbrará alguna vez a la doctrina de Trump o cambiará de rumbo, pero, por el momento, sus líderes observan con preocupación a Washington
La reacción ante la dinámica de los actuales eventos bien podría condensarse en dos palabras: incertidumbre y desconfianza mientras el mundo avanza por el camino de la militarización.
Tras cumplir el primero de cuatro años en el cargo, el presidente, Donald Trump, ha cambiado drásticamente las reglas del juego, tanto a nivel nacional como internacional.
Una nueva era se alza, en la que un lenguaje más duro y directo está sustituyendo alianzas y estructuras pasadas, sustentadas en la diplomacia y la negociación; y es que ahora los objetivos son más audaces, no se disfrazan y se valen del ultimátum como herramienta para fortalecer nuevas esferas de influencia.
Desde Venezuela hasta Groenlandia, Irán o Rusia, la forma en que el mandatario estadounidense gestiona su agenda política, comercial y de defensa, está sacudiendo tanto a sus adversarios como a sus aliados.
Los líderes europeos han sido los más alarmados, expresando su preocupación por el futuro de la alianza de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y de la relación transatlántica en general.
Con Groenlandia, por ejemplo, la determinación declarada de Trump de tomar el control de la isla más grande del mundo fue un campanazo de alerta que obligó a Europa y a la OTAN a asumir que, el Ártico se convertirá cada vez más en un foco de rivalidad y de potencial conflicto con los poderes reinantes.
La isla, el 80% de la cual está cubierta de hielo, está estratégicamente ubicada en la región ártica y, según Trump, necesita estar protegida por una potencia con las capacidades de Estados Unidos para disuadir a Rusia y China, algo que según La Casa Blanca, no es un rol que podría desempeñar Dinamarca, miembro fundador de la OTAN, que tiene la responsabilidad soberana de la política exterior y de defensa de Groenlandia.
El asunto aún no está completamente resuelto, sin embargo, Trump salió complacido del Foro Económico Mundial de la semana pasada en Davos, Suiza, por lo que calificó de un acuerdo satisfactorio para otorgar a Estados Unidos ampliadas prerrogativas en Groenlandia.
El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, dijo en entrevista con Bloomberg, que no se discutió la soberanía del territorio con Trump, y que la conversación se centró en la seguridad en la región del Ártico “en un sentido práctico” y en cómo impedir que Rusia y China accedan al territorio danés semiautónomo.
“... sabemos que las rutas marítimas se están abriendo”,dijo Rutte añadiendo que, Dinamarca estaría “completamente abierta” a un mayor despliegue militar de Estados Unidos.
Paralelamente, durante su presencia en Davos, el mandatario presentó su iniciativa llamada “Board of Peace” (Consejo de Paz), un organismo que busca resolver conflictos internacionales, comenzando por Gaza, pero con un alcance global, lo ha generado nerviosismo entre muchos aliados quienes temen que esté intentando suplantar a Naciones Unidas.
Trump intentó disipar estas preocupaciones al afirmar que el Consejo de Paz trabajaría junto con la ONU, aunque en el pasado ha reconocido su antipatía hacia el organismo internacional, acusándolo de burocrático y débil.
Con tantas crisis y conflictos en el mundo, no cabe duda de que se requiere un liderazgo firme y Trump claramente, no ha rehuido esa responsabilidad, pero en el proceso, ha desafiado a sus aliados occidentales, quienes siguen apoyando firmemente las tradicionales estructuras, regidas por normas propias de la gobernanza, que van en contra de directrices de corte personalista.
El enfoque de Trump ha consistido en aprovechar al máximo el liderazgo y la presión de una superpotencia, como Estados Unidos, para forzar cambios.
¿Funcionó en Venezuela? Todavía queda un trecho largo por recorrer, igualmente en Gaza. ¿Podría también aplicar para Ucrania, el desafío más difícil de todos?
Es demasiado pronto para saber si Europa se acostumbrará alguna vez a la doctrina de Trump o cambiará de rumbo, pero, por el momento, sus líderes observan con preocupación a Washington y se preguntan: ¿qué sucederá a continuación?
