Venezuela atraviesa uno de los capítulos más oscuros de su historia. nHa corrido la sangre de jóvenes venezolanos que han salido a las calles de las principales ciudades de la nación sudamericana a exigirle al régimen de Nicolás Maduro un cambio de rumbo. n
Crecen las manifestaciones pidiendo respeto a los derechos humanos y que se ponga fin a la represión. n
La Guardia Nacional, la Policía y bandas de delincuentes escudados en la defensa de la revolución bolivariana, los llamados"colectivos" disparan a mansalva contra los manifestantes y vecinos en zonas residenciales. n
Una ola de indignación y denuncia ha empezado a cobrar fuerza en el mundo bajo el lema S.O.S. Venezuela.
Desde figuras del arte de la talla de Madonna, Ricky Martin, Rubén Blades, Ricardo Montaner y Franco De Vita hasta atletas del calibre de Miguel Cabrera, Henderson Álvarez, Pablo Sandoval y Rafael Nadal han alzado sus voces para denunciar la crisis. n
El país está dividido como nunca antes. La tensión, mezclada con los gases lacrimógenos, se respira en el aire. n
Venezuela necesita un liderazgo responsable al que realmente le importe el destino del país, que cada día parece más enfilado al despeñadero. nPero ante esa situación, la respuesta del régimen de Maduro destaca por su vileza.
Desde Miraflores se ha decretado un carnaval. Fiesta para maquillar el dolor. Alegría por decreto para ocultar el llanto de un pueblo.
Pan y circo sobre los cadáveres de los estudiantes. nPorque, a fin de cuentas, Maduro ya se ha quitado la careta, es un dictador y no le importa Venezuela, ni las golpizas propinadas a los jóvenes por los militares, ni las vejaciones, ni el futuro de toda una nación, aunque se hunda completa en un mar de lágrimas.