Víctor Hugo Quero Navas comerciante de 51 años se presume sin vida, aunque nadie lo dice en voz alta. Los responsables de su muerte, ya bajo la administración de Delcy Rodríguez, callan por razones obvias; se trata del sistema civil y militar que involucra a la DGCIM, la policía y el Ministerio Público, los tribunales penales, y los jefes de la cárcel El Rodeo I, desde su director hasta el ministro del Servicio Penitenciario.
Los testigos temen hablar, pero la evidencia señala su muerte. Su ausencia alimenta la leyenda sostenida en las cárceles del área metropolitana que registra tres fosas comunes donde lanzan a prisioneros fallecidos que no tienen dolientes. El cuerpo de Víctor Hugo sería uno de ellos, sólo que doliente sí tiene. Su mamá Carmen Teresa Navas viuda de Quero con 81 años marcados en el rostro y su frágil cuerpo, pare fuerza para visitar todas las prisiones posibles y para exigir que le entreguen a su hijo y así poder cuidarlo. Ella lo presiente con vida salvo que le demuestren lo contrario.
De Víctor Hugo poco se sabe desde el primero de enero de 2025, cuando la paranoia del madurismo brincaba exacerbada sobre operativos, uno de ellos ejecutado en la Plaza Caracas con sujetos vestidos de negro que se lo llevaron a la Dirección de Contrainteligencia Militar. El único comentario que se filtró de los funcionarios es que Víctor Hugo era sospechoso por tener cara de extranjero. Su porte alto y rubio imposibilitó a los perros de caza suponer que había nacido en Carúpano, aunque más de un alemán se ha quedado por esas tierras.
Tres meses estuvo Víctor Hugo en la DGCIM registrado en el historial 2CT-101-24 que agrupa nombres de detenidos por presuntas conspiraciones con países extranjeros para derrocar a Maduro. Allí a los abogados que han ofrecido solidariamente sus servicios ni siquiera les aceptan la solicitud de investigación de su paradero. El habeas corpus que intentaron consignar no fue recibido por la Unidad de Recepción y Distribución de Documentos, URDD, a pesar de que están en la obligación de hacerlo.
Víctor tenía una salud frágil que se agravó con una infección intestinal desde que entró en la sede de la DGCIM donde lo privaron de atención médica durante tres meses hasta que fue ubicado en El Rodeo I y allí fue para peor: su salud se siguió deteriorando hasta sufrir dengue hemorrágico que obligó su traslado a enfermería. Más nunca se supo de él.
Ninguna autoridad tiene valor ni piedad para informar la verdad a Carmen Teresa. Ella, incansable, recuerda con ternura la vulnerable salud de su hijo anunciada desde los tres días de nacido cuando tuvo que ser recluido en terapia intensiva. Lamenta que ese temprano mal, entendido como un anuncio de sufrimiento futuro, se haya cumplido a través de una vida plagada de padecimientos, lo que no impidió a Víctor casarse y tener una hija cuya madre falleció; la abuela materna se encargó de su crianza.
La casa de Víctor Hugo está en La Pastora, pero ahora allí no hay nadie. La señora Carmen Teresa vive en Caricuao con una hija que también exige cuidados porque sufre de serios problemas emocionales.
Carmen Teresa exige a las autoridades responsables una fe de vida. La palabra muerte no sale de su boca mientras los rumores crecen en los organismos oficiales, como en el CICPC donde algunos funcionarios que investigaban la desaparición de Víctor Hugo han sido cambiados.
Se trata de un caso especial. Es decir, es usual que detenidos sean inubicables por largo tiempo, o que no sean reportados oficialmente, pero de manera extraoficial suele conocerse dónde están. Así se maneja la ilegal práctica del régimen de normalizar las desapariciones forzadas, violando flagrantemente los derechos humanos.
El caso de Víctor hace pensar lo peor, su único referente previo es poco alentador; se trata de la desaparición de Hugo Marino Salas, de quien nada se sabe desde el 20 de abril de 2019. Hugo se desempeñaba como buzo profesional, rescatista e investigador de naufragios que participaba en búsquedas, de ellas, algunos accidentes aéreos y marítimos de alta sensibilidad. Llegando del exterior Hugo Marino fue interceptado por funcionarios de la DGCIM en el aeropuerto internacional de Maiquetía. Quedó incomunicado y nunca fue presentado en tribunales. Algunas informaciones refirieron un posible traslado a DGCIM o Sebin sin confirmación.
Por su desaparición las autoridades policiales y militares venezolanas han ignorado las exigencias de familiares, organizaciones no gubernamentales, así como organismos internacionales, entre ellos, la ONU, para que respondan por su destino.
Su madre, María Josefina Salas no ha dejado un solo minuto de exigir información sobre su hijo. Ahora Carmen Teresa une a ella su voz y su desesperante dolor al no saber qué ha hecho un sistema violador de los derechos humanos con sus hijos.