viernes 26  de  junio 2026

El prisionero rojo

Su narrativa, la de Iván Simonovis nen El prisionero nrojo (Caracas, 2013), condenado nsin pruebas a más n30 años de presidio y por nórdenes de Hugo Chávez, nmás allá de lo íntimo, de la nvida suya que nos cuenta ncomo en el mito de Sísifo, ndesgarradora y vitalmente nhumana, es la síntesis nrenovada de una tara que nmarca la piel y hace hendidura nen nuestra historia nrepublicana, forjada con n"saña cainita" como lo ndiría el expresidente Rómulo nBetancourt. n

Me refiero, obviamente, na la deriva militarista nque secuestra a nuestra nsociedad y la divide nentre amigos y enemigos nuna vez caída la Primera nRepública de Venezuela. nEs el culto al gendarme nnecesario, al cínicamente nllamado"César Democrático", nque desde entonces ny de tanto en tanto nhace posible que tantos nvenezolanos sean presos npolíticos o estén desterrados. nY aludo a ese instante ninaugural cuando lanzamos nal basurero de la historia n-guiados por Simón nBolívar- nuestro espíritu nde civilidad y la Ilustración, nque conformada por nhombres de levita, armados nde ideas y de sueños, nnos imaginan como patria nposible y de concordia. n

Hago presente, para ndesbrozar la memoria nante un país sin memoria ncomo el nuestro, a quienes nantes de otorgarnos nnuestra independencia y nde darle forma a las instituciones ngarantes de nnuestra libertad, como Escalona, nMendoza, Padrón, nSantana, Muñoz y Tébar, nToro, Isnardy, Xavier nYanez, o Pául, nos dejan ncomo heredad una Carta nde Derechos del Pueblo; njustamente, para recordarnos nque el Estado y nsus servidores son electos npara servir y no para servirse, ny que están sujetos nal control de la opinión y nde las plumas. Tanto que, ndictada esa Carta antes de nser sancionada nuestra nprimera Constitución, el n23 de diciembre de 1811, nen lo inmediato procuran, nademás un decreto de libertad nde prensa. n

Pero al concebirse y nosotros nadmitir luego que nel uso de las espadas, para ncerrar el ciclo de nuestra nindependencia, otorgaba a nlas mismas espadas el derecho nvitalicio de dibujar nla república a su antojo; ny al permitir el desprecio nde éstas hacia nuestros nverdaderos Padres Fundadores, negresados en su nmayoría de la Real y Pontífica nUniversidad de Caracas, nmediante el libelo de nque han sido arquitectos nde"repúblicas aéreas" en nun pueblo no preparado npara el bien supremo de nla libertad; al efecto hicimos nde las cárceles, de La nCarraca de Francisco de nMiranda, de La Rotunda nde José Rafael Pocaterra ndonde escribe éste sus Memorias nde un venezolano nde la decadencia, o del nSEBIN de Iván Simonovis, nlos aposentos de la razón, nlos depósitos venezolanos nde los razonantes. n

No debemos olvidar, pues, nque fueron esas enseñanzas ndistintas, cuyos parteros nhubieron de refugiarse nen nuestras prisiones o en nel exilio, las que aún sostienen nnuestra tozudez democrática! nSon las que nutren nesos espacios de libertad nbajo gobiernos civiles que nse cuentan como pequeños nintersticios, oxigenados en nel marco de una historia nahogada por la idea muy nbolivariana del presidente nvitalicio a quien le sucede nsu vicepresidente; o del Senado nhereditario formado npor militares a quienes ntodo les debe la patria y npara siempre, según los diseños nconstitucionales de nAngostura y de Chuquisaca. n

El desafío actual del país, nque es más y está más allá ndel Estado y de su régimen nmilitarista actual, apenas nencabezado por un civil ncomo mascarón de proa, nserá tan exigente como nel de nuestros mayores, nnuestros causantes verdaderos, nnuestra Ilustración nfundacional, uno de cuyos ncausahabientes, entre notros, es ahora un hombre nde acción y asimismo de nideas, víctima de nuestra nhistoria cercana y forjador nde ideas desde la cárcel, El nprisionero rojo. n

El precursor Miranda ncasi que logra sobreponerse ny cabe decir que la ndesgracia de verse traicionado npor Bolívar, luego ndetenido en Puerto Cabello ny más tarde en Puerto nRico antes de depositar nsus huesos en el puerto nde Cádiz, no le empuja, nsin embargo, a renunciar na su credo democrático. nLo sostiene a pie juntillas. nEs un abierto enemigo del njacobinismo, un promotor nde la reconciliación. n

La generación de 1928 ncorre a contravía del gendarme nnecesario y en acre ncontroversia frente a los napologetas de éste, civiles nilustrados de nuestra nprimera mitad del siglo nXX pero confesos positivistas nquienes consideran nal pueblo prisionero de nsus circunstancias étnico nraciales y ambientales que nle obligan a tener al frente nun"padre bueno y fuerte", nno obstante forja otra ilusión nde país, radicalmente nhumanista, en 1958. nBetancourt, Rafael Caldera ny Jóvito Villalba, nos ndejan así una república de npartidos que en apariencia nnaufraga después de una ngeneración. n

El desafío civilizador citado ny el acicate que a mi njuicio plantea el libro El nprisionero rojo, desde sus nentrelíneas, con sus fardos, nno será imposible de nacometer y lo prueba nuestra nhistoria próxima. Pero nno es agua de miel y será nobra de la constancia. 

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