En un artículo de Rafaela Cruz para Diario de Cuba se plantea la interrogante en cuanto a los benefios supuestos de la inmigración en torno al desarrollo de un país.

Reproducuimos el texto de DIARIO DE CUBA, a continuación:

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"Puede afirmarse que la diáspora cubana —dispersión de un grupo que abandona su lugar de origen y se desparrama por el mundo sin perder su identidad— es tanto efecto como obra del castrismo, y con el tiempo, se ha convertido —porque es la que tiene libertad para hacerlo— en la parte más activa de la nación.

Usando el Modelo Salida-Voz, propuesto por el economista germano Albert Hirschman en el libro Salida, Voz y Lealtad (1977), podremos comprender esa transformación de individuos que escapan, en grupo que se opone.

El Modelo Salida-Voz describe un mecanismo de tipo hidráulico: cuando el descontento dentro de la organización genera presión, esta se canaliza mediante Salida —acto de abandonar la organización, emigración— o Voz —acto de protestar, oposición—. Estas respuestas se contraponen robándose energía mutuamente, principalmente la Salida a la Voz, pues un fácil acceso a la alternativa Salida socava el desarrollo de Voz.

Facilitar, fomentar e incluso forzar la Salida ha sido uno de los mecanismos más utilizados por el castrismo para aplacar la Voz, tanto mediante multitudinarios éxodos —Camarioca, 1965; Mariel, 1980; Balseros 1994— como la selectiva expulsión de opositores —exilio forzado de miembros del grupo de los 75—.

La Salida, como alternativa, tiene costos humanos familiares y de desarraigo, pero la ventaja de ser un acto individual. Lo contrario a la Voz, que requiere coordinación colectiva y sufre más represión desde la dirección de la organización que critica; de ahí, que sea más fácil optar por Salida que por Voz.

Sin embargo, el uso recurrente de la Salida en el caso cubano, ha conducido al surgimiento de una nación transfronteriza. Cuba pasó de ser una isla, a ser una idea compartida, un espacio simbólico humano que trasciende las fronteras del Estado castrista y se injerta, formando comunidades de connacionales, en otras organizaciones políticas.

Ese ensanchamiento de la nación provocado por la política excluyente del castrismo —cerrando el acceso al poder y eliminando la autonomía económica— ha conducido a que los que optaron individualmente por Salida, se hayan organizado. Y lo más importante, se sientan actores activos de la transformación de la nación cubana sin importar donde se encuentren. Son, a todas luces, oposición interna, son Voz.

El castrismo no solo fomentó esta nación transfronteriza, sino que, con su fracaso para desarrollar al país, provocó que la parte de la nación que aun reside en la Isla, dependa, en grado sumo, de la parte de la nación que reside fuera. Convirtiendo esta parte que reside fuera en fuente de recursos tanto para la sobrevivencia familiar, como para impulsar los planes políticos del castrismo, lo que fortalece el vínculo nacional y empodera a la diáspora.

Como bien expone el mismo Albert Hirschman en una actualización de su modelo a raíz de la caída del Muro de Berlín, la Voz y la Salida no solo funcionan como respuestas opuestas, sino que, si la dirección de la organización en crisis es inflexible y no evoluciona rápidamente para evitar más Salida, llega el momento en que ambas alternativas se coordinan y potencian mutuamente: la presión aumenta.

Es entonces natural, que la parte de la nación cubana residente en otras organizaciones políticas —cubanoamericanos, cubañoles— usen sus recursos propios, e incluso, presionen a sus representantes políticos —muy legítimo, aunque el castrismo lo tilde de mercenarismo— en aquellos estados de los que también son parte, para incidir en el devenir de la nación cubana, a la que siguen perteneciendo.

Aquellos que una vez optaron por Salida, optan hoy por Voz, y como ciudadanos de una misma nación existente bajo disímiles gobiernos, no tienen que estar en la Isla para ser Voz. Ejercen su derecho de oposición financiando —directamente o a través de sus representantes políticos allí donde constituyan comunidades de peso— movimientos de Voz en la propia Isla, publicaciones para difundir su verdad, y políticas en sus Estados receptores, contrarias a la organización que los echó.

La fuerza de los cubanos que transmutaron de Salida a Voz, el poder de esa emigración cada vez más activa contra el castrismo, es patente en el pavor del Gobierno a que la parte de la nación cubana fuera de la Isla se articule con la parte que aún ahí reside. Lo vemos en la nueva ley de MIPYMES, en las cortapisas a la inversión extranjera, en las regulaciones a las redes sociales. Ese miedo es lo que evita que el castrismo pueda transformarse bajo sus propios términos; es decir, mejorando algo lo económico, pero sin ceder cuotas de poder, de derechos o de libertad.

Cuando el castrismo atizó la Salida —emigración— como mecanismo para socavar la Voz —oposición— y frenar la transición democrática de Cuba, ganó algo de tiempo, pero sin proponérselo, fomentó una nación transfronteriza. Por lo que hoy, una parte de la nación cubana vive fuera del yugo castrista, y ahí es Voz y se expresa, demanda, presiona… impulsa".

FUENTE: DIARIO DE CUBA

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