Miguel Díaz-Canel, el designado nuevo gobernante de la dictadura cubana, llega castrado a las “riendas del poder”. En su preparación para ocupar el cargo –como se infiere del discurso del general Raúl Castro– perdió la joya de la masculinidad. Se la extirparon y se muestra contento. Es, a todas luces, un animal de tiro, enganchado al viejo y maltrecho arado de la gerontocracia.

A Díaz-Canel no parece importarle. Es feliz en su rol de títere y lo grita a voz en cuello. Profesa su lealtad a las cenizas de Fidel Castro y al dictator “saliente”, quien –asegura– tomará todas las grandes decisiones.

A Díaz-Canel hasta parece gustarle. Quizás tenga razones para ello. A fin de cuentas –reveló el general– fue el único crío que se dio de la camada. Los otros, aspirantes al mismo puesto, entonces jóvenes y con ambiciones, no corrieron igual suerte. Se descarriaron, obnubilados –se dijo entonces– por las “mieles del poder”.

No Díaz-Canel. Probablemente “el delfín” fue mucho más cuidadoso: alzó su voz cuando se lo permitieron pero hasta las notas que no fueran discordantes. Quizás se mostró renovador pero nunca en dirección opuesta a los vientos. Posiblemente cuidó de su imagen de funcionario “patriótico” y confiable, pero no al punto de lucir demasiado genuflexo, porque en las cumbres el exceso de reverencias termina por alentar sospechas y esos micrófonos de palacio, al final, dieron al traste con toda su "generación".

Él no. Díaz-Canel es un sobreviviente, un escogido, un aupado. A partir de ahora será el rostro con que los cubanos identificarán sus penurias. Sobre sus espaldas cargará la inmensa bolsa de las desdichas y, aún más grande, la de las esperanzas pospuestas durante seis décadas.

Díaz-Canel realmente solo ha arribado a la silla aledaña al trono. Sus movimientos, afirman, no serán libres. Probablemente responderá a los hilos como las marionetas. Salvo que en el futuro a este orfebre de las sombras –si las condiciones son las idóneas– le crezcan un buen par de razones, decida deshacerse del arado y embestir la historia.

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