Mi hijo mayor -seguidor incansable del Real Madrid- es un fanático contumaz del fútbol, lo que no deja de ser extraño porque yo acudí sólo dos veces en mi vida a una cancha, y en ambas ocasiones me aburrí como un condenado. n Lejos de incomodarme la afición de mi hijo, sin embargo, he aprendido a respetarla. Me ha servido para corroborar que las actividades competitivas y lucrativas no tienen por qué conducir necesariamente a la envidia, la superficialidad o el banalismo. Dependerá siempre de la persona y sus valores éticos.
Verlo a él cómo disfruta de cada partido, con humor y alegría, me recuerda la meta de Juvenal, que los griegos hicieron suya: Mens sana in corpore sano. (Una mente sana en un cuerpo sano). n Por eso me entusiasmó tanto la noticia de que David Beckham se propone organizar un nuevo equipo de fútbol profesional en Miami. Podría ser no sólo un gran negocio, que fortalezca la economía local y genere empleos, sino que además le ofrezca a la juventud una ventana para sus infinitas curiosidades y anhelos. n Sin embargo, existe una condición para que la mezcla de negocios y deportes sea beneficiosa: Juego limpio, sin favoritismos para nadie.
Beckam lo sabe: u201cNo queremos dinero del estado. Todo el proyecto lo financiaremos nosotros u201d, le dijo a los periodistas. n Pero hay dos obstáculos que podrían hacerlo trastabillar. El primero es que en Miami no hay muchos terrenos disponibles donde se podría construir el estadio del nuevo equipo, por lo que quizás se requiera de un convenio con el Municipio del condado, dueño de una propiedad en el puerto, que parece la más conveniente.
Junto con eso, otros equipos deportivos disfrutan de considerables exoneraciones tributarias, y naturalmente, los promotores de la nueva empresa esperan que a ellos no los traten con discriminación. n Hay un antecedente que conviene recordar: la ayuda que se le dio con fondos públicos a los Marlins para que construyan su estadio. El resultado fue desastroso. El estado invirtió en un proyecto que no rindió los frutos que se esperaba. Eso ha servido para que algunos exijan garantías especiales: que se ayude al equipo de Beckham siempre y cuando de verdad demuestre que la Florida y Miami-Dade saldrán ganando. n Yo me opongo a esa manera de razonar. Mi postura es que la mejor ayuda que el estado le puede dar a Beckham es.. no ayudarlo para nada, ni siquiera a cambio de un beneficio considerable.
La economía de la Florida será fuerte y se consolidará sólo el día en que el estado deje de ayudar a unos empresarios a costa de otros.
Cuando el estado pretende resolver previamente quién será el ganador, todos perdemos, aún si el estado acierta en su apuesta, porque pierde y se debilita la libre competencia, madre de las más grandes realizaciones. n Me cuenta mi hijo mayor que Beckham era extraordinario en los tiros libres y que gracias a esa habilidad nos hizo perder a los ecuatorianos en los octavos de final del mundial de fútbol de Alemania del 2006.
Espero que el jugador inglés no falle en este nuevo tiro libre, y para eso yo, que de fútbol no sé nada, me atrevo a darle un consejo: que sea un tiro libre con competencia libre de verdad, sin ningún favoritismo del estado.