Tan pronto como he sabido que Pedro Sánchez convocaba elecciones, he hecho una gran compra de víveres y me he echado al monte con un macuto. Este tipo jamás ha ganado unas elecciones y sin embargo siempre logra encontrar algún plan para alcanzar lo que le place. Ya sea la secretaría general del Partido o la presidencia del Gobierno. Tiemblan ya en el Vaticano ante la posibilidad de que su próximo capricho sea convertirse en Papa. Que es capaz de lograr fumata rosa fosforito con tal de salir al balcón, saludar, y subirse al Falcon para pasarse una semana de celebraciones esquiando.
Hay que protegerse de los que llegan a la política para salvar el mundo pero hay que protegerse mucho más de los que llegan para salvarse a sí mismos. De modo que yo he optado por un refugio en la nieve. No es exactamente un búnker de la CIA pero no es fácil que me encuentren. De hecho no me cogerán vivo.
Hace por lo menos 25 años que no vengo a la nieve. Me he comprado una equipación de esas estupendas, a medio camino entre el operario de una central nuclear y la pajarita fucsia de un nuevo rico. Tiene la ventaja de que si se pone feo el tiempo y me quedo pajarito, muero congelado pero manufacturado y envuelto en ropajes con colores que podrían localizarse a simple vista desde la luna. Dudo a esta hora si el color carmesí de mi camiseta térmica ahuyenta a los osos polares o los atrae. Si ven que no termino esta columna, recen por el eterno descanso de mi alma y de la del oso, porque mi cazadora plástica es tóxica y no creo que estos bichos antes de comerse a un escritor se paren a quitarle la cáscara.
Lo que más me asombra de la nieve es lo fría que está. Que a estas alturas nadie haya inventado nieve caliente demuestra que nuestro progreso tecnológico no siempre está conectado con las verdaderas necesidades de los ciudadanos. Lo otro que no deja de impresionarme es lo poco que importan los cuchicheos de los alrededores del Congreso de los Diputados de Madrid cuando estás aquí arriba, contando ya las horas para que llegue el momento del carajillo y entrar en calor.
La flora aquí debe ser espectacular pero no se ve, está bajo un manto blanco. Y en cuanto a la fauna, lo más asombroso son los que vienen a una estación de esquí cercana con más cacharros y dispositivos aerodinámicos que un piloto espacial; para terminar de todos modos rompiéndose los mismos huesos que el que viene con lo justo y una rebequita.
Por lo demás, ando meditando las posibilidades de sobrevivir aquí arriba hasta después de la cita electoral. Son realmente muy pocas. Pero nada en comparación con ponerse a tiro de Sánchez en plena huida hacia adelante. Que igual nadie le vota, como siempre, y le da un calentón obsesivo por síndrome de abstinencia de poder y autocombustiona y sabe Dios a dónde nos llevará el incendio.
Creo que me dejaré devorar por un buitre leonado (Gyps Fulvus) antes de caer en las garras del zorro rojo (Vulpes Socialistus).