Después de la derrota sufrida en el marco de un plebiscito convocado para avalar el acuerdo suscrito con las FARC en La Habana y Cartagena de Indias, el presidente Juan Manuel Santos recibió enhorabuena el Premio Nobel de la Paz 2016.
Después de la derrota sufrida en el marco de un plebiscito convocado para avalar el acuerdo suscrito con las FARC en La Habana y Cartagena de Indias, el presidente Juan Manuel Santos recibió enhorabuena el Premio Nobel de la Paz 2016.
Ese galardón debe ser asumido como un estímulo a las ansias de lograr un clima de tranquilidad en Colombia, y llega en momentos en que Santos goza de una muy baja popularidad a pesar de los esfuerzos realizados para alcanzar la paz con el grupo guerrillero más antiguo de América.
Más que una medalla, un diploma y una cifra superior al millón de dólares, este premio tiene que ser recibido con altura y compromiso. Si el pueblo dijo no al plebiscito y Santos ahora es poseedor de tan importante distinción, no es momento de continuar insistiendo en prodigar a las FARC unas prebendas desmedidas que echaron por tierra cuatro años de negociaciones.
Con el Premio Nobel de Paz, el presidente de los colombianos tiene la irrepetible oportunidad de mejorar su deteriorada imagen y renegociar un acuerdo con la cúpula guerrillera que deje a todos al menos satisfechos, incluyendo a sus mayores opositores.
A Santos se le abre un abanico de posibilidades que no puede rechazar por más complejo que sea el panorama. Sentarse a la mesa con las FARC otra vez y poner las tildes sobre las íes de un acuerdo demasiado benigno es un imperativo para el jefe del Gobierno colombiano.
Pero también es la oportunidad de neutralizar los dardos ponzoñosos del expresidente Álvaro Uribe Vélez, principal opositor del pacto suscrito con las FARC. Un decidido acercamiento entre Santos y Uribe, antiguos aliados políticos, le haría un gran beneficio a la paz del país.
Santos tiene todas las de ganar, pero de él depende que la paz deje de ser el fantasma que se mofa de una nación hastiada de políticos que han visto en el tema de la reconciliación nacional un caballito de batalla.

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