No soy un entendido en política ni en geopolítica, pero eso no impide que me mantenga atento a lo que sucede, tratando de entender los acontecimientos y opinar sobre hechos preocupantes. Causan desconcierto las declaraciones tanto del presidente Trump como del secretario de Estado en las que pretenden que la organización criminal estructurada por el chavismo-madurismo durante 26 años, se “auto desmantele”. Para eso le han reconocido el estatus de presidenta encargada (de una presidencia ilegítima, juramentada por una Asamblea ilegítima) a la madrina de los carteles de la droga, de la represión y del tráfico ilegal de oro.
Soren Kierkegaard afirmaba que “existen dos maneras de ser engañados. Una es creer lo que no es verdad, la otra es negarse a aceptar lo que sí es verdad”. En las últimas décadas, son innumerables los resultados nefastos de pretender negociar con terroristas. Podríamos comenzar por uno de los errores de los Acuerdos de Oslo de 1993, al darle a la organización terrorista OLP de Arafat, estatus político y presencia institucional internacional bajo la promesa de vivir en paz junto a Israel. Sería repetitivo relatar aquí las inumerables intifadas y los ataques a Israel que han sucedido desde entonces y que culminarían con la masacre del 7-O (2023). Acuerdos de Paz como el de Colombia o las decenas de mesas de diálogo con el chavismo-madurismo conducidas por Jorge Rodríguez, hermano de Delcy y uno de los cerebros de Smartmatic en Venezuela, en especial el famoso acuerdo de Barbados sobre elecciones libres, concluyeron en inhabilitaciones de candidatos de oposición, un grotesco fraude y una feroz represión. Pero existen otras alertas e interrogantes.
Pienso que uno de los objetivos del régimen chavista tutelado por Cuba ha sido la de implantar durante las últimas décadas una gigantesca “franja” de 2.219 kilómetros que se extiende a lo largo de la frontera occidental de Venezuela, desde la geoestratégica Península de la Guajira hasta la frontera con Brasil en el Amazonas, haciendo realidad el sueño de Chávez y Fidel: “Venezuela limita en el Oeste con las FARC y el ELN (Chávez dixit)”, calificando a las FARC y al ELN como “verdaderos ejércitos que tienen un proyecto político, un proyecto bolivariano que respetamos” (Discurso en la AN, 11/01/2008).
La narcoguerrilla que opera en Venezuela bajo la protección del régimen y su cúpula militar incluye a importantes líderes que decidieron reagruparse tras los duros golpes recibidos antes del llamado Acuerdo de Paz de 2016, trampa cazabobos montada por Cuba como parte de esa estrategia. Los grupos armados de las FARC y el ELN operan en Venezuela con total impunidad y hoy controlan ricas zonas agropecuarias y mineras, villas, fundos y están presentes en 12 ciudades de las porosas regiones colindantes con Colombia bajo el control militar del régimen y las organizaciones paramilitares chavistas con las que se brindan apoyo recíproco. Los acuerdos de Paz de 2016, manejados por Noruega y Cuba solo han servido para que los criminales de la narcoguerrilla adquirieran estatus, agrupados dentro del partido político FARC, ocuparan curules en el congreso y gocen de total impunidad, mientras su ala militar se reagrupaba y empoderaba en el santuario chavista.
El comandante del frente de guerra nororiental Manuel Vázquez Castaño del Ejército de Liberación Nacional (ELN), Ricardo, habla durante a AFP en la región del Catatumbo, Colombia, el 8 de marzo de 2025.
STRINGER / AFP
Sobre la guerra que activó el ELN en el Catatumbo en contra de las disidencias de las Farc, “revela que, detrás de la reciente ola de violencia, están los intereses del régimen venezolano para dominar por completo dicha franja fronteriza, preparar su retaguardia y hacer frente a cualquier plan que desestabilice la dictadura”. “(…) El exterminio de la estructura 33 de las disidencias de las Farc fue planeado desde 2024 y coincidió con la llegada al Catatumbo del cartel de los Soles, la organización narcotraficante que integran los más altos representantes de la dictadura. (…) Otra hipótesis es que se habría construido una alianza entre carteles mexicanos y el cartel de los Soles para imponerle al ELN el aniquilamiento de las disidencias de las Farc, dado que ese grupo quería tomar el control en este sector de Colombia, donde más coca hay luego de Nariño. De aquí salen toneladas hacia Estados Unidos” (Revista Semana, Catatumbo el plan de Maduro y el ELN, 25/01/2025).
En esta gigantesca franja colombo-venezolana se produce y comercializa la cocaína, tráfico de armas, dinero, oro y minerales estratégicos, con apoyo de Venezuela en el resguardo, abastecimiento, tránsito y despacho internacional. Para Venezuela y los países de la región, especialmente Colombia, se pronostican escenarios de violencia imprevisibles en esta “franja de Gaza” criolla donde los diversos grupos que allí operan están haciendo un llamado a la creación de un “Gran Bloque Insurgente” contra la presencia de Estados Unidos en el Caribe.
El más peligroso e inminente es el riesgo de que los modernos armamentos livianos y portátiles que poseen las FANB terminen en las manos de las organizaciones narcoterroristas aliadas con mafias que hacen vida en el lado venezolano amparadas por el régimen para proteger sus negocios criminales y cubrir la retirada táctica de los dirigentes chavistas a ese santuario y desde allí dar zarpazos al gobierno democrático que surja de la transición. En Venezuela, una parte de la oposición apoyada por la comunidad internacional ha tratado de restaurar la democracia a través de diálogos y negociaciones, pero el último de los acuerdos, el de Barbados, asesorado por Jorge Rodríguez y los ineptos gestores del gobierno de Biden, condujo al fraude electoral, al exilio del presidente electo y el establecimiento de un represivo estado de sitio en el país, donde municipios, estados y regiones enteras, incluyendo a numerosos barrios de la capital, grupos paramilitares dotados con armamento militar son la única autoridad y en perversa alianza con militares instalan controles en las vías, allanan viviendas, capturan opositores y deciden el destino de indefensos ciudadanos.
Con cada “diálogo” y/o “acuerdo” se ha agudizado más la crisis en el país e incrementado la violencia de esta perversa dictadura. Pensando en voz alta, finalmente me pregunto: ¿No es acaso un contrasentido que se insista en repetir con los mismos actores, diálogos y acuerdos que no se cumplen, sino que, por lo contrario, son utilizados a favor de los victimarios? ¿No es un desafío al sentido común pensar que estos criminales estarán dispuestos a “auto desmantelar” su propia supervivencia organizada durante tres décadas? ¿Es viable negociar con narcoterroristas? No se puede vivir dentro de signos de interrogación.