Al general John Kelly se le había considerado hasta ahora como uno de los grandes sobrevivientes de la administración del presidente Donald Trump, pero al parecer su tiempo en “la silla caliente”, como jefe de Gabinete de la Casa Blanca, podría estar llegando a su fin.

Una vez más los rumores de su partida del Gobierno comenzaron a circular la semana pasada, y aunque hubo desmentidos, tanto de la Administración como del propio Kelly, desde hace ya algún tiempo se viene hablando insistentemente que este general jubilado de cuatro estrellas no sobrepasará el año en el cargo, algo que el periódico The Wall Street Journal, citando fuentes cercanas a la Casa Blanca, le concede cierta credibilidad

Al parecer, el propio Kelly ha dicho a colaboradores cercanos que no planea quedarse más allá del 31 de julio.

En general, la posición de jefe de Gabinete es una de las más difíciles, sea quien sea el presidente, pero es indudable que con Trump en la Oficina Oval el trabajo de Kelly debe haber sido todo un desafío, tanto o más que cualquiera de las responsabilidades militares en el Cuerpo de los Marines de Estados Unidos.

Cuando comenzó al frente de este puesto político de primera línea, a finales de julio del año pasado para reemplazar a Reince Priebus, lo hizo con la mente puesta en llevar orden y disciplina a la Casa Blanca que estaba siendo víctima de aquellos que pretendían manipular e influenciar con el poder.

El propio presidente Trump avaló en su momento el nombramiento de Kelly en un tuit al señalar que "John también ha hecho un trabajo espectacular en Seguridad Nacional. Ha sido una verdadera estrella de mi administración".

Curiosamente, parece ser ese orden y control que trató de implementar lo que finalmente se ha convertido en su perdición.

Es cierto que son pocos los que pueden negar lo atinado que resultó, su empeño de llevar mayor disciplina a la agenda presidencial y detener ese flujo constante de visitantes a la Oficina Oval, saliendo así al paso de las críticas de quienes percibían, un caos reinante durante los primeros meses de la administración Trump.

El tener a un general a cargo del personal y la agenda diaria del Presidente, mientras éste se familiariza con el arte de hacer política, fue un acierto pero a Trump le tocó también aprender, incluso con el nombramiento de HR McMaster como asesor de Seguridad Nacional, que los generales no son personas que se doblegan fácilmente y en el caso de su Jefe de Personal, esta particularidad alimentó muchas desencuentros entre ambos.

No es difícil adivinar que Trump funciona por instinto y eso es especialmente difícil para un militar que está acostumbrado a darle prioridad a la jerarquía y a la planificación detallada.

Dos de las decisiones más controversiales de Trump no contaron con el consenso de todo su equipo: la cumbre con Kim Jong-un, el líder norcoreano y su determinación de reunirse con el presidente ruso, Vladimir Putin, una cita fijada para el próximo 16 de julio en Helsinki, luego de la Cumbre de la Organización del Atlántico Norte, OTAN.

No está claro si el general Kelly fue defensor o detractor de estas dos cumbres.

Cualquiera que haya sido la opinión de su jefe de Gabinete o del equipo de Seguridad Nacional, Trump mostró una vez más su disposición a salirse con la suya y privilegiar una oportunidad política para establecer relaciones con ciertos líderes claves, con Putin a la cabeza.

También se comenta que el vicepresidente Mike Pence habría aconsejado al mandatario para que opte por un jefe de personal con mayor experiencia política, algo de lo que Kelly no puede presumir, lo que facilitaría el trabajo de negociar los apoyos necesarios en el Capitolio a fin de lograr más apoyo para Trump y su agenda.

Y aunque Kelly estaba acostumbrado a tratar con el Congreso desde su época de general activo, el desempeño que ahora se requiere es muy diferente pues significa estar tras bastidores para presionar individualmente, a senadores y diputados.

En todo caso, todos parecen creer que el presidente Trump ha empezado a consultar su entorno para explorar posibles reemplazos y entre los nombres que hasta ahora se barajan están los de Nick Ayers, jefe de Gabinete del vicepresidente Mike Pence, y Mick Mulvaney, quien lidera la oficina de Administración y Presupuesto, e incluso Steve Mnuchin, actual secretario del Tesoro.

Sea o no verdad, el Presidente tendrá como siempre la última palabra.

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

 

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