En Venezuela no existe cronograma oficial para realizar las elecciones de gobernadores que constitucionalmente debieron realizarse en diciembre de 2016, ni tampoco las elecciones de alcaldes y concejos municipales que deben realizarse en 2017. Adicionalmente se desestimó la realización de un referendo revocatorio presidencial el año pasado. Es decir, el Gobierno de Nicolás Maduro decidió que no habrá más elecciones hasta que puedan ganarlas.
Ante este panorama, luce igual de incierta la posibilidad de que pueda realizarse la elección presidencial, que de acuerdo a la Constitución debe celebrarse antes del 10 de enero de 2019. Sin embargo, a pesar de las dudas sobre la celebración de elecciones, los principales partidos políticos ya han movido sus piezas y han comenzado a hablar de los candidatos que optarán a ser el abanderado opositor en unas primarias: Leopoldo López por Voluntad Popular; Henrique Capriles por Primero Justicia y Henry Ramos Allup por Acción Democrática. Surge entonces la pregunta y la advertencia: ¿Es pertinente realizar en este momento una consulta para seleccionar al candidato de la oposición?
Mientras hay venezolanos que mueren por falta de medicamentos y hurgan en la basura en busca de alimentos o pierden la vida en manos de la violencia; mientras miles salen huyendo del país, la visión no puede ser electoral. Se trata de hacer más fuerte el bloque que lucha contra la dictadura. Sin eso, no hay ni habrá elecciones.
Y no se trata de no tener las opciones listas para cuando llegue el momento; se trata de tener el sentido de la oportunidad y no poner la carreta primero que los caballos. Afortunadamente hay luces del lado opositor, la dirigente Maria Corina Machado advirtió que la “única prioridad debe ser derrotar a la dictadura”. También habló de esa forma el propio Henrique Capriles, postulado por Primero Justicia: “nosotros no tenemos ni elecciones, qué vamos a estar hablando de candidaturas. Este no es momento para eso, todo tiene su tiempo”.
La responsabilidad histórica de la oposición la obliga a medir los tiempos políticos, a entender que las elecciones solo llegarán si la dictadura es acorralada. Para ello debe procurar ejercer toda la presión necesaria, incluyendo el apoyo a la aplicación de la Carta Democrática Interamericana. Pero para que ese proceso logre aglutinar a la inmensa mayoría de venezolanos debe deslastrarse de personalismos y de una dinámica estrictamente partidista para dar paso a una visión de lucha amplia, que incluya al país.