El pueblo venezolano está movilizado contra la dictadura de Nicolás Maduro y marca la fase terminal del régimen usurpador. La crisis política, económica, social y de salud, agravada por la pandemia de coronavirus, es una crisis general que provoca la movilización popular reclamando servicios básicos.

Es la necesidad convertida en desesperación que activa la resistencia civil venezolana y que solo puede traer consigo la salida de un régimen que no tiene capacidad ni posibilidades de atenuar y menos resolver la situación de miseria e indefensión de la que es responsable.

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Mahatma Gandhi enseña que “la resistencia civil es una rebelión, pero sin ninguna violencia”, que se trata del “medio más eficaz para expresar la preocupación que siente y el más elocuente para protestar contra el mantenimiento en el poder de un estado que no se comporta debidamente”.

La Ciencia Política conceptualiza la resistencia civil como “una forma de acción política consistente en la ejecución de estrategias que no conllevan violencia contra el adversario con el que se sostiene un conflicto, sino que se orientan a seducir a la opinión publica amplia para que voluntariamente decida no seguir depositando su obediencia respecto al poder controlado por dicho adversario…”.

Está ampliamente probado que en Venezuela el crimen organizado, con intervención extranjera, oprime al pueblo con un sistema estructurado de violación de derechos humanos, con perseguidos, presos, torturados, exiliados y asesinados. No existe ninguno de los elementos esenciales de la democracia, ya que para detentar indefinidamente el poder se han suprimido las libertades fundamentales. No existe estado de derecho, no hay división ni independencia de poderes y la simulación de elecciones es el medio para sostener la farsa de una dictadura electoralista.

Además de haber convertido a Venezuela en un narcoestado terrorista y lugar de todos los crímenes por la usurpación del poder, el día a día de la gente es imposible por falta de alimentos, medicinas y servicios básicos. Faltan el agua potable, la luz, el gas, la gasolina y los servicios no funcionan o ya no existen. Es la dolorosa repetición de la destrucción que sufre Cuba desde hace 61 años, pero contra una población más grande, en el siglo XXI, en plena revolución comunicacional, con cerca de 60 países que han reconocido otro presidente, con el dictador buscado por la justicia internacional y con pandemia.

El pueblo venezolano es víctima de violencia e intimidación diariamente. Vive en permanente zozobra porque en el sistema castrochavista no existe ninguna garantía ni derecho. Se trata del imperio del miedo para oprimir, pero hay necesidades que superan el miedo. Ahora se enfrentan la necesidad para sobrevivir contra el miedo impuesto por la fuerza brutal de la represión y el oprobio. El hambre le está ganado al miedo.

El Observatorio Venezolano de Conflictividad Social registró “4.414 protestas en el primer semestre de 2020, equivalente a un promedio de 25 diarias”, y más de la mitad fueron para exigir servicios básicos por fallas eléctricas y demandas de agua y gas. En julio hubo 649 protestas con un promedio de 22 al día. En agosto 748 protestas, promediando 25 diarias “principalmente en rechazo al colapso de servicios básicos, reivindicaciones laborales, acceso a la salud y a la alimentación”, con “315 protestas por gasolina con un saldo promedio de 33 detenidos y 4 heridos”.

La prensa informa que en los últimos días hubo manifestaciones en el Distrito Capital, los estados Miranda, Sucre, Lara, Yaracuy, Anzoátegui, Amazonas, Monagas y Bolívar. Que “las fuerzas del régimen reprimen la protestas en los municipios del estado de Yaracuy donde los servicios están colapsados y la gente desesperada”. Se describe el crecimiento del conflicto como “de Oriente a Occidente” con 356 cierres de calles o avenidas, 251 concentraciones, 122 pancartazos y 57 paros.

La respuesta de la dictadura es la amenaza, el amedrentamiento, la violencia, los apresamientos y más violaciones a los derechos humanos, mientras el mensaje de la protesta se decanta en “pedir la salida del dictador y del régimen” a quienes atribuyen -con mucha razón- la responsabilidad de tan desgraciada situación.

La realidad demuestra que manteniéndose Maduro y su régimen en la usurpación del poder estas calamitosas condiciones seguirán agravándose. Pese a la política, el pueblo solo tiene el camino de sacar a Maduro para cambiar su situación y el régimen tiene la consigna castrochavista de mantenerse solo por la fuerza porque no posee ninguna condición para frenar la crisis y menos revertirla. Es el poder irresistible de la resistencia civil que no puede ser derrotada y que pondrá fin a la dictadura.

*Abogado y Politólogo. Director del Interamerican Institute for Democracy

www.carlossanchezberzain.com

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