@RicardoEMontes

Al comenzar la campaña del 2016, muchos aficionados de los Dolphins de Miami creyeron, producto a las múltiples decepciones ocurridas desde la partida de Dan Marino del equipo, que esta zafra sería parte de la colección de campañas mediocres que han acostumbrado a tener últimamente.

Paralelamente, Ryan Tannehill, mariscal de campo del conjunto que juega en el recién renovado Hard Rock Stadium, comenzaba la zafra en deuda; con la presión de que si no tenía un año sobresaliente, muy probablemente su futuro no estaría ligado al del conjunto marino.

La oficina central de los Dolphins trajo a Adam Gase como el nuevo entrenador en jefe, encargado, entre otras cosas, de escoger las jugadas ofensivas a desarrollarse en el campo, gracias a la calidad de “gurú de quarterbacks” –tras su éxito con Tim Tebow, Peyton Manning y Jay Cutler—con la que llegó al equipo; más presión para Tannehill.

Pero hasta ahora, e independiente del resultado del último juego, el mariscal de 28 años ha respondido con creces ante dichas interrogantes. Más aún luego de los primeros cinco compromisos, cuando tras una sola victoria, ya el horizonte del una vez receptor de la universidad de Texas A&M, comenzaba a oscurecerse.

Tannehill, y toda la plantilla, respondieron de manera histórica, hilvanando una racha que no se veía en los alrededores de Miami Gardens desde hace más de una década.

¿A dónde llegarán los Dolphins este año?, es la interrogante que rodea al equipo, y que probablemente siga sin respuesta por unas semanas más. Sin embargo, el futuro del equipo se ve un poco más alentador en las últimas fechas del calendario en la NFL.

Tannehill luce finalmente como un quarterback por el cual se puede contar para construir un equipo competitivo y lograr grandes cosas a su alrededor, mientras que Adam Gase pareciera ser el eslabón perdido del equipo desde la partida de Don Shula.

Con esto no estoy comparando a la dupla de Tannehill-Gase con la de Marino-Shula, pero habría que ignorar la realidad al no contemplar el potencial del nuevo dúo que ha conformado la gerencia de los Dolphins.

Hasta ahora el sello de Gase se ha visto en el juego de Tannehill, quien ha conseguido topes personales en porcentaje de acierto de pases y de anotaciones, en yardas por intento y en el rating de la posición.

Las estadísticas avanzadas reflejan lo mismo; estando por encima del promedio en la mayoría de los renglones, contrario a lo que fueron sus primeros cuatro años en la liga.

Algo que también ha ayudado a la mejora de Tannehill, es la disminución de impactos y capturas que ha recibido en este año, en comparación a los anteriores, cuando fue líder en yardas perdidas por tacles en dos de las cuatro zafras pasadas.

Este año la línea ofensiva, que aunque ha sufrido múltiples lesiones, se las ha ingeniado para proteger a su mariscal, gracias en parte a los esfuerzos de Mike Pouncey, Ja'Wuan James, Branden Albert y el novato Laremy Tunsil.

Aparte de ellos, otro factor fundamental que se ha alineado para el desarrollo de Tannehill, es el crecimiento aún más pronunciado de Jay Ajayi como running back, alcanzando números históricos –con juegos seguidos de más de 200 yardas por tierra—, pasando de estar fuera de los planes del equipo desde la primera fecha, a ser uno de los pilares del presente y del futuro de los Dolphins. Quitándole un poco de presión a Tannehill, quien solía cargar por sí solo el peso ofensivo del equipo.

Son muchas las piezas que se han engranado este año para conseguir el inesperado éxito que ha tenido Miami, que a pesar de tener un complicado comienzo de temporada, han hecho que hasta al más especialista en la materia, se vea obligado a tomarlos en cuenta como una de las amenazas de la Conferencia Americana de la NFL.

Sin embargo, el destino de los Dolphins en esta campaña sigue siendo incierto, pero no se puede negar el avance de Tannehill como pieza central de este rompecabezas, que con las piezas adecuadas, podría convertirse en un interesante conjunto de fútbol americano por varios años.

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