La solidaridad con los ciudadanos de Texas se impone ante las descorazonadoras imágenes que va dejando a su paso la tormenta tropical que siguió al huracán Harvey. Las inclemencias del tiempo han inundado no solo el terreno, sino también las vidas y los corazones de casi siete millones de personas.

Ante una fuerza tan descomunal e indómita amenazando la vida de familias y comunidades enteras en el país más desarrollado del mundo, se impone recolocar las verdaderas prioridades de la nación y de sus ciudadanos.

A la palestra pública saltan imágenes muy distintas a las de semanas pasadas, en que unos seres humanos iban contra otros, primero en Charlottesville y después en Barcelona. Texas inició a miles de héroes anónimos, sin nacionalidad o procedencia, sin categorías, edad o afiliación política para salvar muchas vidas.

El escenario es de pesadilla, hay personas atrapadas en medio de unas inundaciones que han sido catalogadas de catastróficas y mortales. Y aun así, un ejército de ciudadanos salió al rescate de amigos, vecinos y extraños poniendo en riesgo sus propias vidas. Esas son las alianzas naturales que mantienen a salvo a un país ante cualquier amenaza y debemos salvaguardar.

Las tragedias subrayan el temple de las personas y la pauta en estos días terribles para Texas es la ayuda espontánea al prójimo. Desde allí y desde otros estados se manifiesta la solidaridad incondicional a la que se han adherido también los ciudadanos. Cuando el instinto humano sale a flor de piel es más legítimo que el miedo. La imagen del convoy de vehículos militares recorriendo las carreteras para evacuar personas, eliminar desechos y reparar la esperanza contrasta con la parafernalia militar de las guerras inútiles.

Las ciudades y pueblos son apenas el telón de fondo que resalta el valor, la unidad y la fortaleza de los tejanos. En un momento así, como ciudadanos, como estadounidenses, como inmigrantes, no es posible sustraerse a las acciones que nos hacen mejores y nos mueven hacia un futuro compartido. Hacia la unidad solidaria y sobresaliente que siempre este gran país ha demostrado.

Si hoy los héroes no son de ficción, los desastres tampoco. Cuando bajen las aguas, amaine la lluvia y se alejen lo vientos, los tejanos habrán perdido y ganado mucho, pero Estados Unidos habrá vuelto a repasar su mejor lección: aquí vive una gran familia americana.

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