Cuando compartí con mi familia y amigos la noticia de que me iría a vivir a Hialeah, las caras de angustias fueron inmediatas; las preguntas y comentarios no se hicieron esperar: u201c u00bfTe vas para el u2018cubaneo u2019 terrible de Miami? u201d
Yo nací en Cuba, soy cubana, u00bfpor qué tendría que ser tan apocalíptico el hecho de querer vivir en Hialeah? Y no niego que las críticas que llegué a escuchar sobre dicha ciudad me preocuparon un poco, pero aun así no dudé en pasar todo por alto y exponerme a los acontecimientos. nLlevo ya casi cuatro meses viviendo en esta ciudad cuyo eslogan se publicita como: u201cLa ciudad que progresa u201d y lo que más me ha llamado la atención de aquí es la TOLERANCIA. n
Más allá de sorprenderme el hecho de que hayan más cubanos que casas, que apartamentos y que autos juntos, más allá de que los sueldos por lo general sean miserables y las rentas exorbitantemente caras, más allá de estas pocas apreciaciones u2014que pudieran resultar insignificantes u2014 está la cuestión de la impaciencia e intolerancia. n En Hialeah la serenidad es una utopía. Y otra de las cosas que aquí ha cautivado mi interés son los choferes y sus muchas maneras de rodar por sus cálidas calles asfaltadas. Los conductores en Hialeah son adorables y existen de todos tipos y de todas las clasificaciones. nEstán los DJ u2019s, los de la música a todo volumen, a los que les inquieta no poder compartir su música con el resto, y es por eso que bajan sus ventanillas para que los demás también escuchen. No son groseros, ni mal educados por imponer su género musical favorito a los demás, no los juzgue usted tan duro por eso; ellos sólo son generosos y les gusta distribuir sonoridad por las calles a ritmo de carnaval. n
Están los Temerarios, ésos que te impulsan a llevarte la luz roja. Miras por el retrovisor y te están señalando con la mano como diciendo u201cDale, dale pasa, llévate la luz, que estoy apurado u201d. Es como si el mundo se viniera acabando detrás de sus espaldas y ellos quisieran saltar de golpe para ese otro extremo, donde sin duda alguna, ellos creen que estarán más seguros. Te llevas entonces la luz amarilla y rezas un Padre Nuestro para que no te detenga un policía. Pero ahí no termina, ahora el conductor que venía detrás de ti está en el carril del medio y con un ademán de urgencia indica que bajes tu ventanilla u2026 Y allá vas tú, como tonto novato a obedecer al pedido y de pronto te sorprende lo que escuchas: u201c u00a1Vamos! u00a1Ponte las pilas y avanza que estás dormida! n
Están los otros, los Bocineros, los que te tocan bocina constantemente. Yo aseguraría que aquellos que son adictos a hacer sonar el claxon de sus autos no es que padezcan ansiedad crónica, es sólo que son personas muy responsables y se preocupan porque la circulación de autos sea más rápida y efectiva. No se molesten tanto con ellos, no se quejen, no los llamen u201clos dueños de la carretera u201d, al final no es tan incómodo que te toquen una bocina a todo dar u00bfo sí? Más desagradable son aquellos que te sacan el dedo y emiten frases como: u201cChico, u00bfestás comiendo mierda o qué? u201d nPareciera entonces que circular dentro del límite de velocidad fuera algo imposible.
Nunca faltan los próximos campeones de la carrera Nascar 2013 (aunque la competencia será en noviembre en Homestead, ellos entrenan en Hialeah). Te sugieren discretamente que son mejores conductores que tú y gritan a toda voz: u00a1Acelera cangrejo, con el carro viejo ese! Ah, porque ésa es otra cosa, tener un carro de uso u201cen la ciudad que progresa u201d es mal visto.
Los concesionarios de autos más prósperos de Miami han sobrevivido a toda crisis económica gracias a las irresistibles aspiraciones de los cubanos de Hialeah. nNo obstante, yo me niego aceptar que sea tan espantoso vivir en este rincón, aunque llegue a cualquier supermercado y ni una sola cajera sea capaz de mirarme a los ojos de manera afectuosa y pronunciar un simple: u201cHola u201d, porque ya pretender que te digan un: u201cQue tengas un buen día u201d sería mucho pedir.
Vivir en Hialeah ha sido interesante a pesar de todo pues no tengo necesidad de usar despertador u2014sábado y domingos incluidos u2014 porque mis vecinos me dan el de pie siempre con sus gratas conversaciones. Ellos son de los que creen demasiado en eso de: u201cSi madrugas, Dios te ayuda u201d. Mi edificio es apasionante. Existe una especie de CDR cubano de exportación, todo el mundo se sabe la vida del otro y si no, te la averiguan.
Ha sido muy conveniente vivir en Hialeah para poder hablar mi adorado español y que nadie me diga: u201cYou have to u2026 speak in English u201d. n nEso sí, si usted sueña con la calma y la tranquilidad, honestamente no le recomiendo este lugar.
Pero si por el contrario prefiere vivir constantemente como si no se bajaran nunca de una montaña rusa, entonces Hialeah será el sitio de este planeta que más disfrutará, el más sabroso, el más acelerado. Sólo asegúrese que esté lleno de todo el estoicismo posible para sobrevivir a la aventura.