Mientras en Estados Unidos se mantiene un clima de inquietud hacia el medular problema inmigratorio, en Centroamérica se abre una ventana de alivio en la incertidumbre hacia el progreso. Un reciente acuerdo ente la administración de Donald Trump y el gobierno hondureño de Juan Orlando Hernández, facilita la vía de otorgar un estatus legal a unos 20.000 ciudadanos de ese país, con el compromiso de trabajar en determinadas obras de desarrollo en suelo americano y retorno a Honduras una vez culminada la labor.

Sin duda, se trata de un cambio diametralmente distinto desde Honduras hacia la voracidad inmigratoria que desafía incluso el potencial riesgo de muerte de quienes se arrojan a un camino incierto en busca del “sueño americano”. El ministro del Trabajo de Honduras, Carlos Madero, dijo que el Programa de Trabajo Temporal es un logro del presidente Juan Orlando Hernández y se encuentra en una fase de precalificación de los postulantes a la oportunidad de trabajar hasta por un tiempo de ocho meses en Estados Unidos, de manera legal.

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La presidencia de Honduras tiene previsto apoyar a los calificados de este plan de empleo temporal en Estados Unidos con la movilización hacia las ciudades donde vayan a establecerse durante el tiempo del programa.

“Sí se ocupan migrantes, pero lo pueden hacer de forma regular, no necesitan hacerlo de forma irregular, no ocupan pagar un coyote, no ocupan poner en extremo su vida, probablemente en estos trabajos ya van a saber a dónde van a vivir, van a tener todos los derechos en Estados Unidos”, reconoce en sus declaraciones el ministro Madero, al aclarar este importante paso.

La estrategia comprende una de las aristas en el fortalecimiento bilateral entre Estados Unidos y Honduras, y abre paso a un lado en la vía alternativa conjunta con los países que integran el Triángulo Norte. De hecho, Honduras está incluida en el plan de crecimiento dispuesto a arrancar el próximo 2020 de parte de la Casa Blanca.

La planificación a largo plazo pretende reducir el ingreso ilegal de personas procedentes de Centroamérica. La segunda fase del gobierno de Trump, en ese sentido, es precisamente incentivar al sector privado en propósitos de infraestructura y desarrollo.

El presidente Juan Orlando Hernández, consecuente con la administración que representa, persiste en afianzar el camino de prosperidad para sus nacionales. Además de planes de desarrollo de capital humano en Honduras con la inversión extranjera dedicada al sector cafetalero, el mandatario está comprometido con esa mano de obra especializada de su país, para el desarrollo de un programa humanista y de potencial a largo plazo en beneficio para las familias de esta nación.

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