El presidente Donald Trump ha advertido en numerosas ocasiones que no permitirá que Irán construya una bomba nuclear. Pero ¿están los líderes en Teherán tomando nota de esto?

Irán ha formado parte de la oprobiosa lista de países que conforman el "eje del mal", cómo lo llamó el expresidente George W. Bush por considerarlos enemigos principales de Estados Unidos.

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El término “eje del mal” fue utilizado por primera vez por Bush en un discurso del Estado de la Unión el 29 de enero de 2002, y se repitió a menudo durante su presidencia para describir a gobiernos que eran considerados patrocinadores del terrorismo o utilizaban armas de destrucción masiva.

Originalmente fueron tres: Irak, Irán y Corea del Norte. La lista se extendió e incluso a la Venezuela de Hugo Chávez, cuando se le calificó como tal sin entrar formalmente en la lista.

Pero ahora Trump ha reducido esa lista negra solo a Irán porque Irak es un país diferente, ya no está gobernado por un dictador como Sadam Hussein sino que tiene un gobierno elegido democráticamente, y Corea del Norte, con su líder, Kim Jong-un, es ahora objeto de una ofensiva diplomática de acercamiento por parte del mandatario estadounidense.

Pero entre Irán y Estados las hostilidades han escalado como nunca antes.

El mayor desafío para la Casa Blanca ahora es que los signatarios europeos del acuerdo nuclear de 2015 con Irán (Gran Bretaña, Francia y Alemania sigan haciendo todo lo posible por mantenerlo vivo, a pesar de la decisión de Estados Unidos de retirarse del convenio el año pasado.

Irán por su parte no se ha cruzado de brazos y está contraatacando.

La semana pasada, el jefe de Estado iraní Hassan Rouhani anunció que los límites impuestos a las reservas de uranio enriquecido no se respetarían más en represalia por el retiro de Estados Unidos del acuerdo nuclear. De igual manera, dijo que Irán se reserva el derecho a enriquecer sus reservas de uranio al nivel que considere satisfactorio.

En otras palabras, un límite superior al actual de 3,67 por ciento permitido por el acuerdo nuclear. El uranio para una bomba nuclear necesita enriquecerse a más del 90 por ciento.

Es innegable que la Casa Blanca ha fijado su línea roja sobre el programa nuclear iraní al decir que nunca permitirá que eso suceda.

El secretario de Estado Mike Pompeo y el consejero de Seguridad Nacional John Bolton apoyan férreamente este ultimátum, en concordancia con sus acusaciones pasadas cuando señalaron a Teherán de violar el acuerdo nuclear de 2015, incluso antes de la crisis actual.

A primera vista, la respuesta de Irán parece ser un desafío directo contra Trump, pues mientras continúa negando su intención de desarrollar armas nucleares el país persa toma medidas para asegurarse de que si decide tomar este tipo de acción en el futuro, el tiempo para completar dicho programa de armas se reducirá en varios meses.

Por lo pronto, solo queda esperar que Irán reconsidere el presionar demasiado a la administración Trump pues la situación podría resultar fatal para ellos, sin mencionar la posibilidad de un ataque aéreo israelí si Teherán decide transitar el camino de las armas nucleares.

No hay duda, de que las sanciones económicas impuestas por la administración Trump han tenido un impacto devastador en Irán, tanto en la economía del país como en cada uno sus líderes.

Recientemente se anunció que también el principal negociador por Teherán en el acuerdo nuclear de 2015, el ministro de Relaciones Exteriores Mohammad Javad Zarif, sería objeto de castigos por parte de Estados Unidos.

También es cierto que mientras los europeos sigan intentando mantener vivo el acuerdo de 2015, Teherán podrá ganar tiempo y sacar ventajas.

Rusia y China son los otros dos países parte del acuerdo pero parecieran estar en segundo plano a medida que la retórica entre Washington y Teherán se hace más fuerte con el paso de los días.

Todo pareciera una contradicción política, pues si bien la administración estadounidense tiene a Irán bajo presión, para impedir que adquiera armas nucleares con Corea del Norte se busca un acercamiento más cordial porque ya ha construido la bomba.

En todo caso, el objetivo en ambos escenarios es el mismo: Trump no quiere que tanto Corea del Norte como Irán tengan armas nucleares. El primero debe desmantelar lo que ya ha desarrollado y el segundo debe abandonar cualquier ambición de tenerlas, la pregunta es si podrá lograrlo.

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

 

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