Jenofonte escribió la Ciropedia no solo como biografía, sino como lección de gobierno. En Ciro el Grande quiso mostrar que la autoridad verdadera no nace del miedo, sino de la confianza. Mandar no es imponer, sino inspirar. En Ciro, el poder aparece como servicio, es decir, el arte de guiar hombres libres.
El joven Ciro aprende de su padre que el mando no se sostiene por la fuerza, sino por la virtud. Quien gobierna debe ser el primero en obedecer las leyes que impone. Por eso Jenofonte distingue entre el tirano y el rey. El tirano manda para sí; el rey, para los otros. Uno esclaviza, el otro educa. En la hora presente, donde el poder se asocia con dominación, esta enseñanza recuerda que la verdadera grandeza política se mide por la capacidad de servir sin servilismo.
En Ciro, el mando se gana por la prudencia. No humilla, persuade; no castiga, corrige. “Nada hay más fuerte que quien gobierna a hombres libres con su ejemplo”, escribe Jenofonte. La obediencia impuesta por el temor dura lo que dura el miedo; la que nace del respeto, permanece. Así, el gobernante virtuoso forma una comunidad fundada en la confianza, no en la sospecha.
El autor griego muestra que la raíz del poder está en el dominio de sí. Ciro se gobierna antes de gobernar a los demás: disciplina su palabra, modera sus deseos, guarda silencio donde otros buscan gloria. Esa mesura lo hace prudente. La templanza en el mando es, para Jenofonte, una forma superlativa de sabiduría política.
Su retrato del rey persa es también una empresa moral. Cuando el gobernante se deja arrastrar por la adulación o el orgullo, destruye su obra. La autoridad no es una herencia ni un derecho: es una tarea que debe renovarse cada día sobre la base de la confianza. De ahí la diferencia entre mandar y liderar: el primero exige, el segundo convence.
La Ciropedia es un espejo para toda época. La democracia moderna necesita gobernantes que comprendan que gobernar no es dominar voluntades, sino educarlas. El poder sin virtud se degrada en manipulación; el poder con justicia se convierte en fuerza creadora. La lección de Jenofonte sigue viva: solo gobierna quien sirve.
Juan Carlos Aguilera P.
Club Polites