La esperanza de vida y libertad está manifiesta en la Constitución americana de 1787 y para salvaguardar esos atributos de la esencia intrínseca del ser humano, la nación creó el poder judicial. La máxima instancia de esa rama independiente de gobierno es la Corte Suprema de Justicia (CSJ).

En realidad, la Corte Suprema de Justicia tiene la facultad de interpretación de la ley, pero no la de legislación, además puede invalidar las leyes que no se sujeten a la Constitución del país. Por eso en su sede, el edificio en Washington, DC., en el frente, en su parte superior, está inscrita la siguiente frase: “Igual justicia bajo la ley” y en la parte posterior del inmueble también expone un poderoso mensaje: “La justicia es el guardián de la libertad”.

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Inspirados en esos proverbios de justicia, el presidente Donald Trump ejerció su derecho constitucional de seleccionar un juez a la vacante en la Corte Suprema. Este sábado, el presidente Trump nombró como candidato a la prestigiosa y constitucionalista, la jueza Amy Coney Barrett.

En días anteriores, el líder de la Mayoría en el Senado, Mitch McConell (R-Ky), dijo que “otra vez mantendremos nuestra promesa de la nominación del presidente Trump y recibirá un voto en el pleno del senado de los EEUU”; y dejó claro que “se debe materializar la vacante en el período del ciclo de elección del 2020 y que el GOP mayoritario en el Senado debería llenarlo”. Y en su comunicado expresó “el presidente Trump no puedo hacer una mejor elección. La Jueza Amy Coney Barrett es una jurista excepcionalmente impresionante y una nominación sumamente bien capacitada para la Corte Suprema de los EEUU”.

El presidente Trump y el líder del Senado McConell cumplieron sus promesas con la nación americana de defender la libertad y democracia emanada de la Constitución. Y sobre todo de no permitir a la izquierda radical la instauración del socialismo en EEUU en detrimento de los postulados de los padres patrios en la creación de una sociedad libre.

Por supuesto, la actitud de Trump y McConell se ajusta a la legalidad del país. Empero se lo expongo en una nota breve de la Constitución americana, en su Artículo II, Sección 2 dice: “El Presidente será Comandante en Jefe del Ejército y la Armada de los EEUU... y tendrá la faculta, (...) con el consejo y consentimiento del Senado, nombrará a los Embajadores, (...) a los Magistrados de la Corte Suprema”...

“Hay que remontarse a la década de 1880 para encontrar la última vez que un Senado controlado por un partido diferente al presidente llenó una vacante en la Corte Suprema que se creó en medio de un año de elecciones presidenciales” dijo McConell. Sin embargo, desde 1900, se han nominado Juez a la CSJ por parte de los presidentes en el mismo año de su reelección y fueron aprobados por el Senado antes de las elecciones. Así fue en 1912, por W. H. Taft; 1916 y 1932 por W. Wilson; y por F. D Roosevelt, en 1940. Estos son precedentes, también un derecho constitucional desde la fundación de la CSJ, 1789. Ese mandato se ha realizado 29 ocasiones, la última fue ejercida por el presidente Barack Obama en 2016.

Las más bajas pasiones del hombre han sido exacerbadas en la discusión de los candidatos a la Corte en el Senado para dominar ideológica y políticamente CSJ, en especial por los demócratas

de izquierda socialista. Joe Biden, cuando era líder del Comité de Justicia del Senado, habló inapropiadamente y con mentiras sobre el candidato propuesto a la Corte, Robert Bork, 1987, y con los años se han incrementado esas actitudes, los más recientes fueron a Clarence Thomas y, una situación extrema denigrante en actos de torturas e inmoralidades verbales contra el juez del Distrito de Columbia, Brett Kavanaugh.

En EEUU no existe una ley que exija el proceso de audiencia en el Senado sobre el candidato a la CSJ, solo es votar directamente en el pleno para confirmar al nominado y así hacían desde 1789 hasta 1916, en que se empezó a discutir a puertas cerradas, luego se abrió al público 1929. Aunque pienso que se debe debatir con tiempo limitado y si los demócratas tratan a la jueza Barrett de la misma forma tan despreciable y humillante como hicieron con el juez Kavanaugh, habrá un descontento tan profundo y masivo que los republicanos obtendrán una victoria en las elecciones como nunca antes vista. Claro, la Jueza deberá demostrar su eminencia en lo jurídico junto a su fortaleza e integridad de carácter; no solo su inteligencia sino también su valentía y ecuanimidad al enfrentar los arbitrarios y humillantes insultos de la izquierda.

En realidad, si Pelosi intenta interferir con un juicio político al presidente Trump o, a William Barr, Fiscal General, para paralizar el nombramiento del juez a la Corte Suprema; ante esas expectativas dijo el representante Andy Biggs (R-AZ), que “La mayoría de los miembros republicanos del Congreso están totalmente de acuerdo en que Nancy Pelosi debe ser destituida como presidenta de la Cámara”. Buen plan republicano y del líder de la Minoría Kevin McCarthy (R-CA), quien dijo, refiriéndose a Pelosi, “Puede pensar que tiene un carcaj, nosotros también”.

La realidad es crear una crisis constitucional mediante la demora del conteo de los votos y mediante una maniobra electorera parlamentaria despojar arbitrariamente de la presidencia a Trump. La izquierda radical tiene el antecedente Bush y Gore, donde iban a robarle la presidencia al primero que, por no cumplimiento de los pasos legales y la decencia del segundo, impidieron la prolongación del proceso del conteo de votos y se resorbió en la Corte Suprema. Recordemos que por ley si no se ha elegido un Presidente para 20 de enero del 2021, ocuparía esa posición el líder de la Cámara de Representante, en ese caso sería Nancy Pelosi.

El presidente Trump y el senador McConell casi tienen derrotado al socialismo; definir ya el puesto a la CSJ y ganar en las elecciones, sería una gran victoria. Éxitos Presidente y América, ustedes son guardianes de la libertad para su país y el mundo.

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