Hoy no voy a escribir del 21N, al menos no directamente. Con esta decisión no estoy evadiendo el tema electoral, ni estoy evitando opinar sobre las circunstancias de un proceso que debería decantar en un honesto y profundo debate en el mundo opositor. Enfrascarse en acusaciones mutuas me parece que es cavar más el foso.

Temo que aún no se esté comprendiendo a qué nos enfrentamos. El enemigo que nos pisotea trasciende a un personaje como Maduro que claramente es un elemento sustituible. También va mucho más allá de un partido político o de la Fuerza Armada. Venezuela está poseída por grupos criminales y países interesados en su territorio y de lo que va quedando de sus riquezas. Rusia, China e Irán, cada uno con su estilo, han avanzado peligrosamente en el trabajo de moldear el pensamiento, de orientar voluntades a través de las nuevas tecnologías de la comunicación. Dirigen a las masas para obtener de ellas respuestas convenientes.

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Esos tres países han contribuido a construirle al régimen de Maduro un poderoso ecosistema de medios que tiene el objetivo de difundir masivamente sus matrices propagandísticas y manejar a la opinión pública. Generan falsas noticias que contribuyen a la construcción de narrativas interesadas que logran efectos manipulados.

El régimen se ha convertido en poseedor del relato. Dispara con noticias inventadas al tiempo que censura. Dirige la opinión hacia objetivos que debilitan la lucha. Descredita el liderazgo opositor y a cualquier vocería con credibilidad que le genere molestia. Utiliza las redes sociales como armas de persuasión masiva, echa mano de los influencers a quienes utiliza (bajo amenaza, extorsión o soborno) para provocar efectos negativos sobre la comunidad: enfrentamientos, confusión, desesperanza, desaliento, desviando la atención de los problemas sociales no atendidos o de delitos de corrupción.

Es evidente que la hegemonía comunicacional del régimen se impone sin resistencia posible. La adquisición o cierre y destrucción de medios, la censura, la persecución de periodistas y de cualquier vocero que le resulte amenazante ha llegado a una audiencia que reacciona bajo la arbitrariedad de las emociones, sin percatarse de que está siendo manipulada.

Por supuesto que, para la construcción de este poderoso sistema, el régimen ha invertido tiempo y dinero. Y se ha asesorado con profesionales de primera línea de Rusia, China e Irán. Con ellos la dictadura garantiza tener el control del relato bajo la verdad impuesta por el reino del crimen organizado.

Rusia ha encontrado un cómodo recibimiento en el privilegiado ciberespacio venezolano. Con Nicolás Maduro han ido incrementando considerablemente su presencia en el país, en especial en los últimos tres años cuando expertos en el área de comunicaciones, ciberdefensa, defensa aeroespacial e inteligencia estratégica han sido ubicados en ocho puntos estratégicos del país donde Moscú supervisa de manera especial la ejecución de los planes de ciberdefensa de la Fuerza Armada.

Los chinos al igual que los rusos asumen la información como herramienta fundamental para la proyección de su poder y asegurar el control político y social frente a las influencias “nocivas” externas. Ambos países detectaron tempranamente el peligro de las nuevas tecnologías y decidieron “avanzar hacia delante” para tener el control. Entonces restringieron Internet (intentaron incluso que la comunidad internacional apoyara su control) y crearon un sistema cibernético propio y potencialmente aislado del resto del mundo.

Maduro activó con China el ciberespionaje. Lo hizo desde 2017 cuando designó al ministro de su despacho Jorge Márquez Monsalve para modelar lo que había sido un edificio de CANTV, ubicado en la urbanización Las Acacias, como un gran centro de ciberespionaje. El personal que allí trabajaría fue seleccionado en secreto para viajar a China a entrenarse con el profesor Fang Binxing, miembro de la Academia China de Ingeniería, expresidente de la Universidad de Correos y Telecomunicaciones de Beijing. El equipo de 24 personas se especializó en sistemas de redes sociales, hacking, espionaje electrónico, bloqueo de portales, interferencias en redes sociales y vulnerabilidad de seguridad de otros países como Colombia y Brasil. Allí siguen, y tan activos están, que a las pocas horas de haber sido colocada la página web VenezuelaZonaGris.com, con mi más reciente trabajo de investigación, fue bloqueada dentro del territorio venezolano.

En cuanto a Irán, el régimen ha reforzado la penetración de su mensaje en Venezuela y en Latinoamérica. Con los iraníes, uno de los servicios que más ha utilizado Maduro ha sido el rastreo de llamadas.

Es difícil que la oposición avance sin considerar una estrategia en torno al control de la narrativa, sin dar la batalla por recuperar el relato.

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