La guerra de palabras entre el presidente Donald Trump y la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, dio un giro inusitado la semana pasada, abriendo un nuevo campo de batalla entre el poder ejecutivo y el legislativo.

Ha habido interpretaciones diferentes sobre el porqué del dramático colapso entre los dos, después de esa reunión que se interrumpió abruptamente, en la que se esperaba discutir el plan del mandatario para invertir 2.000 millones de dólares en proyectos de infraestructura, que tanto necesita el país.

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En este caso, hay pocas dudas de que la responsabilidad inicial del altercado cae sobre Pelosi, quien poco antes de producirse el encuentro acusó al Presidente de cometer un delito federal, al tratar de ocultar posibles pruebas que podrían utilizarse en un juicio político en el Congreso para destituirlo.

El momento escogido por la demócrata fue deliberadamente calculado, convencida de que una vez que Trump fuese informado de su declaración, arruinaría todas las posibilidades de llegar a un acuerdo sobre la financiación de un programa de obras públicas, que el republicano se había se comprometió a llevar a cabo.

“Durante muchas décadas, hemos enriquecido la industria extranjera a expensas de la industria estadounidense. Hemos subvencionado ejércitos de otros países y permitido el agotamiento muy triste de nuestros militares. Hemos defendido las fronteras de otras naciones mientras nos negamos a defender las nuestras. Hemos gastado miles de millones de dólares en el extranjero, mientras que la infraestructura de Estados Unidos se ha deteriorado” dijo Trump durante su discurso inaugural en las afueras del Congreso, el día que asumió la presidencia el 20 de enero de 2017, y desde entonces ha sido una de las promesas bandera de su gestión.

¿Por qué lo hizo Pelosi, cuando los demócratas están tan ansiosos como sus rivales republicanos de emplear dinero en un programa de infraestructura integral?

La respuesta, por supuesto, es política.

Es claro que quería enfadarlo para que Trump se fuera de la reunión, sabiendo Pelosi de antemano que esos comentarios lo molestaría.

A medida que la campaña presidencial 2020 avanza, es claro que la presidenta de la Cámara está tratando de presentar al inquilino de La Casa Blanca como alguien en quien no se puede confiar para dirigir al país.

La letra "I" de impeachment, o juicio político para distituir al Presidente, como Trump recientemente la usó, está siendo mencionada generosamente por los demócratas, e incluso por Pelosi, aunque no hace mucho tiempo ella misma aconsejó a sus compañeros de partido no caer en la tentación, para no distraer inútilmente la atención sobre los verdaderos asuntos que importan a los votantes.

Pareciera que la batalla entre Trump y Pelosi va a hacer que la elección presidencial de 2020 sea una de las más controversiales de la historia.

Por su parte Trump dejó claro que después del áspero final de la reunión con Pelosi y el líder demócrata en el Senado, Chuck Schumer, no llegaría a ningun acuerdo con ellos hasta que dejen de investigarlo.

Pelosi respondió que el Presidente no está apto para estar en el cargo, por tratar de impedir que los demócratas iniciaran una investigación completa sobre su mandato, dejando en el trasfondo la idea de que hay algo oculto que debe salir a la luz.

Incluso pidió a los miembros de la familia Trump y a sus asesores que intervengan por el bienestar de Estados Unidos.

Los intercambios de insultos entre Trump y Pelosi son un reflejo del estado actual de la política en Washington, y es difícil imaginar cómo se resolverá este impasse, o callejón sin salida, entre republicanos y demócratas.

Sobre el tema de la infraestructura y con la mente puesta en los electores, los demócratas harían bien en tratar de lograr un acuerdo con la Casa Blanca sobre el bloqueo de toda cooperación.

Los políticos de ambos lados tienen el deber de alcanzar compromisos en temas que son de interés general, como planes de vivienda, una mejor infraestructura, una política de inmigración más humana y un programa integral de salud y bienestar social.

Sin embargo, estando ambos partidos en pie de guerra para ganar las elecciones, pareciera haber pocas esperanzas de que cualquiera de estos problemas cruciales se resuelva para el beneficio de todos.

En todo caso, es bueno recordar que la política es también el arte de la negociación para conciliar intereses.

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

 

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