domingo 22  de  febrero 2026
OPINIÓN

La buena música ha de perdurar

El régimen castrista se ha encargado durante casi seis décadas de anular las voces de grandes figuras, que por un motivo u otro abandonaron la isla
Diario las Américas | EDITORIAL DIARIO LAS AMÉRICAS
Por EDITORIAL DIARIO LAS AMÉRICAS

Suele suceder que los regímenes dictatoriales, como estrategia de manipulación, distorsionan los hechos históricos. En Cuba, al igual que en otros países de Latino América en los que se han implantado dictaduras, la música también ha sido víctima de manos represivas.

Vale destacar que la historia musical de cada pueblo forma parte de su idiosincrasia y es lo que, además, sirve de base a las nuevas generaciones de músicos que surgen.

En el caso de la Mayor de las Antillas, el régimen castrista se ha encargado durante casi seis décadas de anular las voces de grandes figuras, que por un motivo u otro abandonaron la isla. Y aunque algunas de ellas triunfaron en su tierra natal antes de hacerlo en el exilio, igual fueron castigadas por escoger vivir en libertad.

Pero más que la dañina censura que atenta contra la dignidad humana, intentar mutilar el repertorio de grandes de la música suele ser una práctica inútil y pasajera, porque a pesar del vacío intelectual que puede provocar en quienes ha sido truncada la exposición a ciertos sonidos, inevitablemente la buena música sabe encontrar vías alternativas para llegarles a aquellos que la saben apreciar.

Y eso precisamente han hecho los artistas cuya obra ha sido abolida, cuyas letras y ritmos las mentes insensibles y opresoras han intentado borrar. Ellos, los mutilados artísticamente en su tierra, han encontrado reivindicación en otros exponentes.

Por nombrar algunos ejemplos recientes, eso ha hecho el nuevo disco del cubano Luis Bofill con Arsenio Rodríguez: ha intentado rescatarlo del olvido, incluso hasta del anonimato que el régimen de la isla le impuso a su música.

Tal vez el desconocimiento, que las nuevas voces tengan acerca de quienes han pasado casi desapercibidos por el panorama musical de Cuba, sea el culpable de que hoy en día cierta sonoridad domine el gusto popular. Sí, porque lo que suena en la radio es producto de lo que piden las masas, de lo que el pueblo quiere escuchar.

Sin pretender obviar la constante evolución de la música, habría que analizar cómo se ha dado este fenómeno en otras sociedades, que no han sufrido el látigo de las dictaduras, y por ende tampoco la distorsión de su historia.

No obstante, la buena música ha de perdurar porque siempre habrá alguien que quiera y pueda rescatarla.

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