La batalla por la nominación presidencial del Partido Demócrata entrará en una nueva etapa, cuando la próxima semana (12 y 13 de septiembre) diez de los que mejores probabilidades tienen de continuar se presenten en un debate televisivo.
La batalla por la nominación presidencial del Partido Demócrata entrará en una nueva etapa, cuando la próxima semana (12 y 13 de septiembre) diez de los que mejores probabilidades tienen de continuar se presenten en un debate televisivo.
La selección de estos diez delanteros, dejando a los otros 11 atrás, seguramente marcará el comienzo de un intercambio más agresivo para confrontar ideas y convencer a electores dpara confiar en ellos, además de que esto signifique aprovechar la oportunidad para clarificar situaciones e incluso acusaciones hechas por rivales políticos.
Es cierto que hay mucho en juego, pero ¿son acaso los debates televisivos un elemento clave para ganar votos?
Expertos en el área de la comunicación estratégica y el mercadeo político consideran que quienes prestan atención a los debates ya tienen a un favorito, por lo que tienden a prestar mayor atención a “su” candidato con el fin de afianzar su preferencia electoral.
Es cierto que en este tipo de contiendas no hay mucho tiempo para desarrollar ideas, por lo que la agilidad mental es clave. Los contendores muchas veces se ven obligados a responder, en pocos segundos, a preguntas complejas, como mayor cobertura médica, el cambio climático, la deuda estudiantil, inmigración o seguridad fronteriza.
Percepción vs. realidad: ¿Quién ganará el debate?
Si un precandidato parece nervioso, el televidente lo juzgará como inseguro y probablemente no votará por él. Si lo percibe prepotente, tampoco. Por el contrario, si el aspirante le transmite seguridad, confianza o empatía, el elector podría darle su voto sin dificultad.
En todo caso, estos 10 potenciales aspirantes a la Presidencia de Estados Unidos tendrán tres horas frente a las cámaras para persuadir a una audiencia nacional, convencerles de que son la mejor opción para derrotar al actual presidente en ejercicio, Donald Trump, en noviembre de 2020.
Por lo pronto, ya se han retirado dos aspirantes demócratas de alto calibre: el primero fue John Hickenlooper, exgobernador de Colorado, quien se decidió por un escaño en el Senado; y la segunda fue Kirsten Gillibrand, senadora de Nueva York, quien renunció a sus ambiciones presidenciales para 2020 cuando le dijeron que no sería incluida en este debate televisivo, que será transmitido por ABC News.
Los 11 restantes, que no cumplieron con los criterios para participar en el mismo, todavía continuarán luchando por la nominación aunque les pueda representar una causa perdida.
Hasta el momento, hay cuatro candidatos que lideran las encuestas de manera consistente: el exvicepresidente Joe Biden, la senadora de Massachusetts Elizabeth Warren, el senador por Vermont Bernie Sanders y la senadora por California Kamala Harris.
Los otros seis que participarán pueden haber merecido un lugar en este evento, pero en realidad están muy por detrás de los cuatro primeros, de acuerdo a las últimas encuestas.
No obstante, los debates televisivos pueden ser impredecibles. No todos salen bien del encuentro y si surgen controversias entre los principales candidatos, podría tener un impacto duradero de cara a su candidatura presidencial.
Entonces, incluso aquellos con la menor posibilidad de ser nominados podrían brillar y aumentar su popularidad y financiación.
El exrepresentante Beto O’Rourke de Texas ha tenido una campaña de impacto mixto hasta ahora, después de comenzar con gran impulso ¿Podría esta vez avanzar en la carrera? ¿O será Julián Castro, exsecretario de Vivienda y Desarrollo urbano del presidente Barack Obama? ¿Qué tal lucirán las posibilidades de Pete Buttigieg, alcalde de la pequeña ciudad de South Bend en Indiana?
Ninguno de ellos obtuvo buenos resultados en los sondeos. De hecho, el alcalde Buttigieg, que atrajo buena publicidad durante las primeras etapas de su campaña, ha perdido popularidad.
Sin embargo, un buen desempeño televisivo la próxima semana podría cambiar esto, especialmente si los cuatro mejores se desempeñan mal o chocan entre sí, sin aportar buenas respuestas.
En cuanto a las habilidades mediáticas versus habilidades para gobernar, la experiencia ha demostrado que el mejor comunicador no es necesariamente el mejor gobernante, y viceversa.
Por ahora, el elemento determinante de la contienda, sobre si alguno de los candidatos demócratas tenga una posibilidad real de ganar las elecciones de 2020, estará determinado por el nivel de popularidad de Donald Trump o si la economía de Estados Unidos entra en recesión, y es que combatir a un presidente en ejercicio no es una tarea fácil.
