lunes 2  de  noviembre 2026
OPINIÓN

La deificación del error

La economista Sarah Knafo denunció un intento de censura en Franceinfo, comparando la situación con el trato que recibió Aleksandr Solzhenitsyn en 1974.

Por Edgar Cherubini Lecuna

La economista y eurodiputada Sarah Knafo es autora del libro Le Casse du siècle (Fayard, 2026) y cofundadora de Reconquête, partido político francés nacionalista-conservador, fundado en abril de 2021 y presidido por el pensador Éric Zemmour, autor del libro El suicidio francés (2014). Para Zemmour y Knafo, la decadencia francesa no es consecuencia inevitable de la historia ni exclusivamente de amenazas exteriores. Es el resultado de decisiones políticas, económicas, culturales e ideológicas tomadas por las propias élites francesas que dejaron de creer en la nación que gobernaban, renunciando voluntariamente a los fundamentos de su identidad y a su soberanía. Sus ideas sobre el Gran Reemplazo (Grand Remplacement) causado por la inmigración descontrolada han alertado sobre la transformación demográfica, cultural y religiosa que atraviesa Francia y que amenaza con alterar profundamente su identidad histórica y los valores judeocristianos. La izquierda decadente ha reaccionado con violencia a estos argumentos ya que esa inmigración la nutrirá de nuevos militantes y votos.

Franceinfo (televisión pública) invitó a Knafo, en su emisión matutina del 28/10/2026. Por desgracia, no fue una entrevista, sino una emboscada. Los 20 minutos estuvieron marcados por la actitud hostil de los dos presentadores que interrumpieron sus respuestas en 73 oportunidades. A propósito del reciente atentado en Trappes el 23/10/2026, que arrojó un saldo de un muerto y siete heridos, los periodistas aludieron, en tono de inculpación y cinismo, calificando de racismo a las ideas contrarias a la inmigración ilegal que ha publicado Reconquête, a lo que Knafo respondió: “(…) dado que hemos tenido 270 asesinados por el terrorismo en Francia en nombre de la yihad y al grito de ‘Allahu Akbar’, entonces ¿El responsable es el Corán?”. Una respuesta demoledora. A partir de ese momento, le impidieron abordar el recuento de los atentados islamitas ocurridos en Francia. Aparte del absurdo señalamiento hacia las publicaciones de su partido por el reciente atentado en Trappes, lo insólito es que han surgido pruebas de que el terrorista es un militante de ultraizquierda, pro-palestino, ligado al tráfico de drogas y, para colmo, la víctima es un católico congolés. La extrema izquierda siempre aplica la ‘estrategia del espejo’ tratando de invertir la realidad de los hechos cuando estos no le convienen, acusando, hostigando y desacreditando a otros por lo sucedido. Francia, que, en los últimos años, ha sido el blanco de cruentos atentados yihadistas, es también el escenario de una temeraria y desgraciada relación de la extrema izquierda con el islamismo.

El terrorismo intelectual de la izquierda

Jean Sévillia se ha destacado por su crítica frontal al terrorismo intelectual de la izquierda francesa. Es autor del emblemático libro: El terrorismo intelectual (Le Terrorisme intellectuel, Tempus, 2000), un ensayo en el que denuncia el monopolio moral e ideológico con el que la izquierda pretende apropiarse del debate de ideas. En una reciente entrevista en Le Figaro, afirmó: “El terrorismo intelectual es un método que consiste en negarse a debatir sobre cuestiones de fondo, deslegitimando al interlocutor. Se trata de restar toda credibilidad al oponente descalificándolo por motivos morales, asociándolo mediante una generalización abusiva, con figuras históricas que encarnan el mal y presentándolo como alguien cuyas ideas ya han demostrado ser peligrosas en el pasado, hasta el punto de que resulta inútil discutirlas: ideas que, por tanto, habría que combatir sin hacer la más mínima concesión. En la práctica, esto supone reactivar constantemente las figuras del fascista, el racista, el nazi, el colonialista, el reaccionario o el homófobo, para proyectarlas sobre los adversarios. Es una forma de triunfar sin necesidad de debate, ya que, en nombre de la moral, se le ha negado al oponente cualquier derecho a la palabra (Michel De Jaeghere, Jean Sévillia: du communisme au wokisme, 70 ans de terreur intellectuelle, Le Figaro, 01/02/2025).

Anexo encontrarán el texto del artículo para mi columna: "El periodismo de izquierda en Francia La deificación del error".

Anexo encontrarán el texto del artículo para mi columna: "El periodismo de izquierda en Francia La deificación del error".

En su libro, hay un pasaje sobre la histórica visita de Solzhenitsyn a Francia en 1974 con motivo de la publicación en francés de su libro Archipiélago Gulag. El autor reproduce los agresivos editoriales de Le Monde, Le Nouvel Observateur, L’Humanité, Tel Quel, entre otros medios de izquierda que hostigaron a Solzhenitsyn, calificándolo de “colaboracionista de la derecha y del capital”, “máquina de guerra contra la URSS, contra el socialismo y contra la unión de la izquierda en Francia” y “un personaje psíquicamente inquietante. Tiene un aspecto simiesco, es como un mono que, con tristeza, ve pasar a los que se pasean el domingo frente a su jaula” (Tel Quel, 1974). Menciona por igual la invitación que le hiciera el programa de TV Apostrophes, en la que los entrevistadores solo lo dejaron hablar cinco minutos de los 40’ que duró la emisión, siendo tildado de “profeta de la contrarrevolución”, entre otros epítetos, insultos, ironías y sarcasmos contra una persona que vivió un verdadero martirio por sus ideas en pro de la libertad, los Derechos Humanos y la democracia. El mismo guion aplicado a Sarah Knafo.

La deificación del error

“Las masas nunca han tenido sed de verdad. Ante las evidencias que les desagradan, se apartan, prefiriendo deificar el error si este las seduce”. Esta afirmación es del sociólogo francés Gustave Le Bon, quien publicó en 1895 La psicología de las masas (L'imagination des foules), un ensayo sobre cómo se forman las opiniones y creencias. En su obra explica que los líderes o conductores de masas apelan directamente a las capas emocionales de la multitud, recurriendo a tres mecanismos que actúan de forma secuencial y acumulativa: afirmación, repetición y contagio. Esto sigue estando vigente en la Francia contemporánea. Sobre el atentado en Trappes, el diario Le Monde emitió una fake news sobre la presencia de panfletos del RN (Rassemblement National) en el automóvil del sospechoso. De inmediato, los portavoces del LFI (La France Insoumise) y las lamentables declaraciones del presidente Macron se hicieron eco de esa falsa noticia, desmentida posteriormente por la fiscalía antiterrorista, pero el mal ya estaba hecho, la mentira se había divulgado por las redes sociales. Deificaron el error porque servía a su relato de un “atentado racista de extrema derecha” que reafirmaría la intención de voto de los 7 millones de musulmanes que, según la encuesta INFOP, el 69 % votarán por el LFI de Mélenchon.

Al analizar el tablero político francés actual, fuertemente dividido en bloques (la macronía y la socialdemocracia, la extrema izquierda de La France Insoumise y la derecha de Rassemblement National), notamos cómo la izquierda utiliza estos tres mecanismos. La afirmación tajante: sus líderes emiten afirmaciones categóricas y sin matices. La Repetición mediática y digital: los canales de televisión, en su mayoría colonizados por la izquierda, con emisión de noticias 24 horas y sus militantes en las redes sociales, conceptos como “la derecha es fascista”, “criticar la inmigración ilegal es racismo”, “defender los valores culturales y republicanos es ser de derecha fascista”, se repiten en bucle 24H, asentándose en el inconsciente colectivo como verdades incuestionables. El Contagio digital: las masas se coordinan en X (Twitter), TikTok, Telegram y plataformas independientes. Cuando un político o intelectual de centro o de derecha emite una declaración o escribe un artículo que incomoda a la izquierda, las redes sociales actúan como una muchedumbre enfurecida, guiadas por una intolerancia jacobina, propiciando un linchamiento digital.

El ecosistema de los canales en Francia

Los canales CNews y BFMTV, lideran el sector de la información, seguidos por LCI y los medios públicos: France Télévisions, cadena de televisión pública nacional y regional (France 2, France 3, France 4 y France 5), motores de la opinión colectiva. El presupuesto anual del sector audiovisual público en Francia asciende a 3.820 millones de euros. Franceinfo obtiene el 64 % de ese monto (2.445 millones de euros). Estas cadenas no operan como simples transmisoras de información, funcionan como potentes laboratorios de afirmación, repetición y contagio que configuran el ‘alma colectiva’ de la audiencia. La masa televidente no busca verificar datos, busca certezas emocionales. Al presentar opiniones extremas o rotundas como si fuesen hechos evidentes, las cadenas validan los sesgos inconscientes de los espectadores.

Un canal de noticias 24 horas tiene la capacidad de fragmentar un solo acontecimiento o declaración y repetirlo en bucle cada quince minutos a lo largo del día y de la noche, fijando un determinado tema de forma obsesiva. En Francia, la prensa y los invitados a los programas de opinión de TV conducidos por periodistas de izquierda utilizan el estilo goebbeliano de repetir de manera incesante que, si estás en contra de la inmigración ilegal, eres racista. Si dices que estás en contra de la islamización galopante, eres antimusulman. Si dices que estás a favor de los valores eternos de la Francia, eres ultraderechista y fascista. El cerebro del telespectador termina asimilando eso como una crisis urgente y real, sintiendo que forma parte de una comunidad homogeneizada de indignados. La izquierda y la mayoría de los políticos inclinados al ‘buenismo woke’ han generado una culpabilización colectiva y una perversa intimidación moral, provocando una espiral de silencio en gran parte de la ciudadanía.

Por otra parte, la televisión conserva un prestigio implícito. Al proyectar en la pantalla a líderes y activistas radicales o periodistas militantes agresivos, estos canales les transfieren de forma automática ese prestigio mediático. Por eso, las ideas que antes se consideraban marginales o inaceptables en el debate público francés, entran en la corriente principal de opinión una vez que son normalizadas y validadas en horario de máxima audiencia. Esto remite a lo que los politólogos denominan la Ventana de Overton: una sociedad que termina aceptando como normal aquello que anteriormente consideraba moralmente inadmisible.

Los canales de noticias de 24 horas en Francia, en su mayoría colonizados por la izquierda, actúan hoy como la estructura que unifica y coordina a la masa. Esa retroalimentación constante ha creado un bucle cerrado en gran parte de la sociedad francesa. La televisión procesa la indignación que nace en las redes sociales y los militantes e influencers, unidos a un ejército de ‘bots’, divulga, repite y radicaliza los debates televisivos. El resultado es una masa permanentemente conectada, en estado de alerta constante e inmune a los argumentos de la razón. En Francia, el periodismo de izquierda opta por deificar el error y convertir lo impensable en aceptable.

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