Estamos entrando en julio en esta ciudad de Miami, viviendo la pelota de Grandes Ligas con los Marlins, quienes han mejorado y quieren acercarse a la marca de 500, pero la noticia que ha colmado las ondas hispanas (cubanas mayormente) es el cambio de Adeiny Hechavarría a los Tampa Bay Rays por dos prospectos bastante desconocidos.

Cuando uno pensaba que la historia debería venir por la venta del equipo, la cual no acaba de concretarse o el Juego de Estrellas el 11 de julio en el Marlins Park o, incluso, la posibilidad de mejorar en la tabla y soñar con uno de los comodines.

Pero no. Nada de eso. El canje de Adeiny ha cambiado la discusión en español de estos Marlins de Miami, la franquicia peor manejada en todo Miami.

Y eso es una barbaridad. Me refiero a lo primero.

No el canje de Hechavarría sino que ahora se ha convertido en una historia significativa por el hecho de que el jugador es cubano y con su salida los Marlins se han quedado sin nadie de la mayor de las Antillas.

La cubanía o el cubaneo en los Marlins. Innecesarios ambos.

A mí en lo personal me da lo mismo. Lo que yo quiero es que los Marlins tengan un equipo competitivo y que puedan volver a la postemporada, a la cual no llegan desde el 2003, cuando ganaron la Serie Mundial.

Pero parece que en estos tiempos modernos en Miami muchos fanáticos quieren, necesitan y hasta exigen jugadores cubanos en los Marlins.

Así no. Esto no es Cuba ni la Serie Nacional Cubana.

En Grandes Ligas juegan peloteros de muchos países y no podemos sentarnos con una mentalidad provinciana a pedir que traigan peloteros de nuestro país. Se imaginan un coro de venezolanos en el Doral exigiéndole a los Marlins que contraten a sus paisanos o que los dominicanos digan que no pueden cambiar a Marcell Osuna. O hasta que los puertorriqueños digan que quieren estrellas boricuas brillando en el Marlins Park.

No, no y no.

Así no funciona la cosa. Así no trabajan las Grandes Ligas. Así no se vive en este país.

Entiendo que muchos de los cubanos que critican la labor del equipo al salir de Adeiny vienen de la mentalidad del régimen cubano de que todo tiene que ser nacional o que cuando las cosas salen mal es culpa del Imperio.

¡Ay, el Imperio, siempre el Imperio!

La exigencia al equipo tiene que ser una en la que se le pida que pongan un buen equipo y que compitan con los mejores. Si hay peloteros latinos, perfecto. Es cierto que eso ayuda en la labor comunitaria y de promoción.

Pero lo que más ayuda es ganar. "Ganar, ganar y ganar", como dijo en su momento el ya fallecido entrenador de futbol español Luis Aragonés.

No convirtamos a los Marlins en una guerra de nacionalidades. Ya es suficiente con el mal trabajo que Loria y su gente han hecho desde que llegaron para pedirle por donde no se debe. No hagamos de los Marlins una discusión a lo cubano, en el peor sentido de la palabra, es decir una discusión revolucionaria estéril.

Si hay peloteros cubanos y ayudan a ganar, bienvenidos. Pero si no hay, no pasa nada. Ya tuvimos a Liván Hernández y recientemente al tristemente fallecido José Fernández. Pero ellos estaban aquí por lo que hicieron en el terreno no por el lugar donde nacieron.

Así de simple.

Al final, los Miami Marlins son el equipo del sur de Florida. Ellos son el equipo de todos los latinos y de los anglosajones. Es la franquicia de la ciudad. Ya bastante maltratada está por Loria como para agregar otro frente que no tiene ningún sentido.

Dejemos a un lado la nacionalidad y vivamos a los Miami Marlins como lo que son, el equipo de Grandes Ligas del sur de Florida.

No un equipo nacional.

Así de sencillo.

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