El dictador venezolano Nicolás Maduro confeccionó unas elecciones a su medida gracias a la inhabilitación de los principales candidatos opositores, la ilegalización de la mayoría de los partidos contrarios al gobierno de Nicolás Maduro, la negativa a permitir que los venezolanos en el extranjero puedan inscribirse para votar, un sistema automatizado de votación que es una caja negra y el chantaje social en su máxima expresión, a través del denominado Carnet de la Patria, que promete cambiar un voto por acceso a comida.

Maduro, con 80% de rechazo a su gestión, vuelve a fijarse la meta del chavismo de obtener 10 millones de votos, algo que ni siquiera el propio Hugo Chávez alcanzó. Y no hay nada que haga pensar que no es posible que con un sistema creado a su conveniencia pueda lograrlo o al menos acercarse, a pesar de tener una bajísima popularidad.

El panorama de fraude es tan claro y evidente que desde la propia convocatoria, realizada por una instancia inconstitucional como la Asamblea Nacional Constituyente, la comunidad internacional llamó a desconocer tales elecciones. Estados Unidos, la Unión Europea, Canadá, Colombia, Brasil, Panamá, México, Costa Rica, la OEA, entre otros, han sido claros en rechazar la farsa electoral y llamar a su suspensión y a pedir nuevas elecciones con condiciones y garantías reales.

Ante tal panorama, la oposición ha llamado a abstenerse de participar en los comicios, pese a la candidatura de Henri Falcón, quien desobedeció el llamado a no postularse de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) y se presenta como una alternativa ante Maduro.

Falcón le ha caído como “anillo al dedo” al régimen de Maduro que busca dar un barniz de legitimidad a las elecciones y que además pudiera convertirse en una oposición a la medida, tras las elecciones de este domingo 20 de mayo.

Es clave que tras las elecciones, la verdadera oposición pueda desarrollar una estrategia de presión interna que se combine con la comunidad internacional para producir la fuerza necesaria que genere los cambios políticos en el país suramericano.

Venezuela vive una crisis sin precedentes y para final de 2018, los economistas y principales analistas hablan de que ya no se hablará de crisis, sino de colapso, de una real hecatombe, de hambre, escasez y ruina económica en el país petrolero.

Está claro que Maduro se asegurará el poder este domingo. Lo importante en este caso es que el pueblo no ceda al chantaje del hambre y demuestre el poder de la abstención, tal como prevén las principales encuestas. Enfrentar el día después con una estrategia unitaria desde las filas opositoras, hoy agrupadas en el denominado Frente Amplio Venezuela Libre es una obligación moral y política. Cada minuto cuenta en la tragedia venezolana.

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

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