jueves 12  de  marzo 2026

La importancia del secretario de Estado

El número de personas interesadas en el puesto y que fueron llamadas a la Torre Trump en Nueva York para una entrevista, creció con el pasar de los días
Diario las Américas | SONIA SCHOTT
Por SONIA SCHOTT

La búsqueda del candidato ideal para secretario de Estado ha sido uno de los episodios más extraños de este período de transición, mientras el presidente electo Donald Trump se prepara para asumir sus funciones el 20 de enero.

El número de personas interesadas en el puesto y que fueron llamadas a la Torre Trump en Nueva York para una entrevista, creció con el pasar de los días.

¿Por qué Trump ha enfrentado tantos problemas para encontrar a la persona ideal para uno de los puestos más importantes del Gobierno?

Es cierto que el presidente Barack Obama se tomó su tiempo antes de ofrecerle a Hillary Clinton la secretaria de Estado en 2008, pero Trump ha dado la impresión de despertar cada mañana con un nombre diferente en su cabeza.

El último favorecido es Rex Tillerson, director ejecutivo de Exxon Mobil, otro representante del mundo de los grandes negocios, tan afecto al presidente electo, aunque durante la campaña electoral no escatimó en ataques contra Hillary Clinton por sus conexiones con Wall Street.

Tillerson “es un jugador global y negociador por excelencia” según Trump, y podría poner el acento de la nueva administración en el tema de energía, las nuevas relaciones internacionales y el acercamiento a Rusia.

En realidad no es extraño que Trump, al igual que presidentes anteriores, quiera un secretario de Estado que comparta su visión del mundo y sea capaz de representar la hoja de ruta internacional de La Casa Blanca ante los líderes mundiales.

La lista inicial de Trump incluyó al exalcalde de Nueva York Rudy Giuliani, el exgeneral de cuatro estrellas y exdirector de la CIA David Petraeus, así como el excandidato republicano a la presidencia Mitt Romney, el presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, senador Bob Corker, y el exembajador ante Naciones Unidas John Bolton.

Petraeus habría sido un excelente secretario de Estado, con esa enorme red de contactos y aliados en el mundo internacional, luego de años de servicio distinguido en el Ejército y la CIA, pero fue declarado culpable de delito menor por pasar información confidencial a su biógrafa, un obstáculo para el presidente electo, quien atacó a Hillary por utilizar su cuenta electrónica personal para uso oficial.

Mitt Romney por su parte representaba la movida pragmática y audaz, después de que el exgobernador de Massachusetts calificara a Trump como un fraude durante la campaña electoral, mientras que el embajador Bolton, conocido por su visión radical del mundo y proclive a una política exterior dura y beligerante, habría activado alarmas en todo el mundo, de haber sido seleccionado para el cargo.

El primer secretario de Estado fue Thomas Jefferson, nombrado por George Washington en 1789, y desde entonces han habido más de 60 titulares de este importante secretariado, todos con extraordinarias credenciales; seis de ellos se han convertido en presidente de Estados Unidos y sólo dos no han sido nacidos en EEUU: Henry Kissinger, que nació en Alemania, y Madeleine Albright, en la antigua Checoslovaquia. Ambos excluidos de la línea presidencial de sucesión durante sus funciones.

En todo caso, no deberían sorprender las preferencias de Trump para llenar su gabinete recurriendo al mundo militar y de negocios, de donde obtiene la mayoría de sus apoyos. Su selección final para secretario de Estado nos da la pista del tipo de gobierno que quiere, pero la razón de Estado también lo compromete a ser juzgado por la historia, por su éxito o su fracaso.

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