El presidente Donald Trump sentó un nuevo precedente en su Gobierno al revertir temporalmente su decisión política relacionada con la implementación de la llamada ley de inmigración “tolerancia cero”, que implica que el cruce ilegal de la frontera hacia Estados Unidos se considera ahora un delito federal, no solo administrativo, y por tanto conlleva un proceso penal.

En su puesta en vigor afectó negativamente a familias centroamericanas. Muchas de ellas huyen de la violencia en sus países de origen y al tratar de cruzar ilegalmente la frontera eran separadas de sus hijos menores por agentes de la patrulla fronteriza, para ponerlos en instalaciones de refugiados, bajo la custodia de la oficina de Aduanas y Protección de Fronteras.

Curiosamente, la rectificación presidencial se llevó a cabo el 20 de junio, fecha en la que se celebraba el Día Mundial de los refugiados.

Según ACNUR, la agencia de Naciones Unidas que atiende a quienes huyen de la guerra, la persecución o la violación de sus derechos por conflictos nuevos o existentes, las cifras de refugiados están en aumento y por eso el impacto es enorme.

Oficialmente hay 68.5 millones de desplazados en todo el mundo y aproximadamente un tercio de ellas son refugiadas y en Estados Unidos hay por lo menos tres millones según el Pew Research Center desde que el Congreso aprobó la Ley de Refugiados en 1980.

La inmigración, en todas sus facetas, sigue siendo uno de los problemas más grandes y controvertidos, tanto en Estados Unidos como en Europa y aquellos que no enfrenten el desafío inteligentemente, podrían tambalearse.

Para T. Alexander Aleinikoff, director del Instituto Zolberg de Migración y Movilidad del New School of Social Research de Nueva York, “es el número más alto de refugiados, que hemos visto desde la Segunda Guerra Mundial”, cuando nació la figura de un Alto Comisionado de las Naciones Unidas, para dar respuesta a los dramas de la población afectada por la guerra.

En Washington, por ejemplo, la aplicación de la resolución tolerancia cero, no estuvo exenta de polémica sin embargo, mientras que los predecesores de Trump en la Casa Blanca, particularmente Barack Obama, habrían sufrido en las encuestas de popularidad por hacer un cambio tan dramático en la operatividad migratoria, Trump parece haberse recuperado inmediatamente.

¿Fue acaso un manejo político para salir del fiscal general, Jeff Sessions, la imagen pública de "cero tolerancia"?

Frente a la indignación colectiva por el destino de los más de 2.000 niños, algunos de los cuales fueron vistos en videos, llorando por la ausencia de sus padres dentro de las áreas enrejadas donde estaban recluidos, Trump firmó una orden para congelar la política de separación, no sin anteponer sólidas promesas de triunfar donde, según él, sus predecesores habían fracasado, prometiendo además que interrumpiría el flujo de inmigrantes ilegales que cruzaban la frontera.

Su estrategia resultó porque sus partidarios le creen, a juzgar por la entusiasta bienvenida que recibió durante un evento proselitista en Minnesota, poco después de que anunciara su decisión de detener la separación de familias, en la frontera con México.

Trump parece más decidido que nunca a construir su muro y tal vez la confusión y el caos en la frontera, le sirvan para alimentar su causa.

Para una persona que se convirtió en presidente después de toda una vida en los negocios, Trump aprendió rápidamente una regla de oro en política: mantenerse leal a sus seguidores.

Con todos, incluido el papa Francisco, denunciando su política de separación de las familias, el mandatario se vio obligado a cambiar de opinión pero cuidándose de hacer parecer ese giro como una decisión firme y no producto de un momento de debilidad, asegurándose al mismo tiempo de pasar la responsabilidad al Congreso.

Trump claramente espera que su enfoque decidido ayudará a los nuevos candidatos republicanos a ganar 35 de los cien escaños en el Senado y 435 en la Cámara de Representantes para mantener la mayoría en el legislativo.

Es muy probable que el tema sobre inmigración se convierta en uno de los puntos clave del debate bipartidista con miras a las elecciones de mitad de término y a menos que el Partido Demócrata presente una sólida alternativa, Trump podría ser el ganador en las próximas elecciones legislativas, a pesar del giro político de la semana pasada.

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

 

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